Aurora Terán Fuentes, investigadora de la Universidad Pedagógica Nacional (UPN), comentó que a pesar de ser una de las tradiciones más importantes del estado y la región, la de los chicahuales es una celebración poco estudiada por historiadores y sociólogos, además por su carácter caótico, suele hacer pensar a los asistentes que quienes participan en ella sólo ‘echan relajo’.
Comentó que a ojos de quien no conozca esta tradición, los chicahuales sólo se divierten y hasta se meten con las mujeres, pero ello se debe a que es una fiesta viva, organizada por una cofradía y por los propios habitantes; agregó que los turistas ven gente peleando, caballos entrando y saliendo, en esta escenificación que es un simulacro de guerra donde hay cañón, un continuo juego con la gente, pero no hay elementos coreográficos identificables.
Aurora Terán detalló que a pesar de ser una fiesta tan importante, es escasa la información bibliográfica, pues existen pocos libros sobre la fiesta de los chicahuales, y uno de los pocos que hay es de corte semiológico y hermenéutico, por lo cual para varias de las ramas sociales esta representación está apenas en un nivel exploratorio.
Destacó que la de los chicahuales es parte de las fiesta de moros y cristianos, las cuales se utilizaban como un recurso para la evangelización, la cual se ha tropicalizado, pues son ahora son los chicahuales los que pelean contra los moros; “finalmente Santiago los abate, pero de nuevo los levantan y los moros reconocen que ese poder se relaciona con el cristianismo y entonces se convierten”.
Para finalizar, la investigadora de la UPN señaló que una curiosidad de esta fiesta es que cuando acudió a ensayos, se observó a niñas y niños que van y hace su escenificación, “a pesar de que no es una fiesta donde participan mujeres, está un personaje femenino que es Santa Ana, la abuela de Jesús, que es representada por un hombre, pero llama la atención que las niñas estén yendo a los ensayos”.