Por Daniel Amézquita

Entre los compromisos adquiridos por los gobiernos, se encuentra crear un ambiente propicio para el desarrollo de las familias; la cultura es una herramienta necesaria en la construcción de esquemas propicios que resulten en la armonía social.

El desarrollo de políticas culturales que promuevan la conciencia en un lenguaje universal como el arte, dan pauta para la interacción y la toma de conciencia sobre la importancia de socializar y enarbolar una transculturización como medio para el desarrollo y reconstrucción del tejido social. El arte y la cultura son un medio que a la vez, actúa como espacio, por tanto resultan bastante eficientes.

Usar medios de la industria cultural permite crear no sólo actividades recreativas, sino actividades que promuevan la reflexión entre conciudadanos con el fin de lograr la construcción de estructuras mentales distintas y mejores. Cuando los seres humanos somos capaces de hacer juicios valorativos sustentados en la razón y conciencia, se puede lograr un ambiente con democracia real.

El ser es cultura, coexisten e incluso dependen uno de otro, cada persona expresa en particular una serie de costumbres que hablan sobre su estatus y capacidad de comprensión; las políticas culturales hoy son democráticas, buscan partir de un nivel cero, de un lenguaje conocido, cultura coloquial para que todas y todos con un conocimiento equitativo podamos propiciar los espacios; la democratización de la cultura es un elemento que dignifica la justicia y la equidad entre ciudadanas y ciudadanos, todos tenemos derecho a convivir activamente en el arte.

Vivimos tiempos nuevos, mismos que nos obligan a otra dinámica de socialización, de convivencia y, por ende, de comprensión en cuanto a diversidad; la apertura y el uso del espacio público, el rescate a las calles como medios de interacción son factores clave para la difusión y promoción de la cultura. Sólo aquellas y aquellos que se desarrollan en este sentido encuentran la pertenencia perdida y, a la par, el compromiso social que a todas y todos nos corresponde.

El desarrollo de la cultura en los individuos satisface necesidades básicas, el poder disfrutar un evento cultural, aprender de él, convivir con el arte y mejor aún, ser activos en la creación, permite que la imaginación se dé rienda suelta y el genio humano se impregne en la creación de las ciudades. La participación es vital para los gobiernos, un gobernante no existe si un pueblo se vuelve apático a las políticas, ahí lo imprescindible de la cultura como entidad que fomenta la creatividad, la participación, la socialización, en fin, la edificación de una ciudadanía digna, lo que comunidad merecemos.