La creatividad:

¿inspiración de elegidos, o talento de todos?

Por Jesús Álvarez Gutiérrez

ciudad-vivaHasta hace poco relacionábamos la creatividad con las letras (poesía, novela, teatro) y las bellas artes (danza, música, pintura, escultura, arquitectura). Luego introdujimos el término de industrias creativas para referirnos también a la magia del cine, la animación digital, la impresión 3D. Hoy, sin embargo, empezamos a reconocer que la creatividad se aplica a todos los campos de la actividad humana.

La creatividad no es elitista, ni el talento es de unos cuantos. No sólo los grandes artistas son creativos; todos, como decía el científico Newton,  podemos pararnos en hombros de los gigantes que nos han antecedido. De hecho, la creatividad es un recurso que todos los humanos heredamos al nacer. No la tienen los robots.

Después de milenios de la revolución agrícola, después de siglos de la revolución industrial, después de décadas de la revolución tecnológica, hoy más que nunca es evidente que la única fuente perenne de riqueza es la creatividad humana.  Justamente la capacidad de crear es lo que nos hace diferentes a otras especies.

Un tercio de los empleos actuales está directamente relacionado con productos y servicios de alto valor agregado porque se derivan de la creatividad. Esta proporción crece velozmente. Transitamos de las artes y las humanidades al diseño de ropa, accesorios, cosméticos, vehículos, electrodomésticos, dispositivos electrónicos, juegos, edificios, ciudades…

Las ciudades son una creación típicamente humana. Son la unidad básica de una economía creativa. La gente conviviendo, conversando y trabajando, si lo hace en equipo, produce el crecimiento económico. Donde aparece el problema está la solución.

Dentro de las ciudades, los centros de barrio, de abasto, de convivencia y esparcimiento producen datos de manera natural; los datos generan información; la información crea conocimiento; el conocimiento se transforma en innovaciones. Por eso, las ciudades han sido clave para el desarrollo de la humanidad.

La automatización es inevitable; una vez que se estandarizan y rutinizan los procesos, los robots son mejores que los humanos para reproducir esos procesos. En un futuro cercano muchos de los trabajos actuales se habrán automatizado. Los robots repetirán rutinas mejor que los humanos. Pero sólo los humanos serán capaces de mejorar procesos y crear nuevos sonidos, colores, formas, productos y servicios.

Este proceso de generación de valor a través de la creatividad puede acelerarse si desde el gobierno se impulsa el desarrollo de un tecnopolo, un Aguascalientes Valley, un clúster donde de manera consciente, organizada y sistemática interactúen ciudadanos, organizaciones sociales, empresas, universidades, centros de educación, investigación, pensamiento, ciencia y tecnología para encontrar juntos, a través de una estrategia denominada “inteligencia colectiva”, la solución a nuestros problemas reales, concretos y cotidianos.

Hasta ahora México es un país que sigue dependiendo de tecnología producida en otros países.   Supusimos que la inversión extranjera directa nos transferiría el know-how, pero terminamos convertidos en maquiladores, ensambladores o armadores de productos que ya han dejado las economías desarrolladas. Hay pocas patentes de origen mexicano, y las que hay son pobres, implican pequeños cambios que no agregan valor, por lo que no atraen la atención de los inversionistas potenciales.

A falta de una política industrial, las instituciones públicas de apoyo a la iniciativa privada priorizan la cantidad de los emprendimientos, no la calidad. Se le da más financiamiento al emprendimiento tradicional (como puestos de fritangas o artículos de contrabando) que al de alto impacto en empleos productivos. Esas instituciones funcionan como sucedáneo, como un servicio nacional de empleo o como un programa de autoempleo temporal. Se entiende el deseo de patrocinar muchas micro y pequeñas empresas, pero desgraciadamente éstas mueren cuando termina el financiamiento subsidiado, porque no se acompañan de procesos de capacitación de directivos y personal de base, certificación de procesos, asociación con universidades y centros de investigación.

México no tiene un problema de falta de talentos, sino que ha faltado visión para construir entre todos una comunidad creativa, donde interactúen investigadores, inversionistas, patrocinadores.  Por cierto, la evidencia internacional muestra que los emprendimientos exitosos no dependen de una condición etárea (es decir, no es cuestión de edad). Puede haber jóvenes brillantes, pero muchos adultos de 35 a 50 años son quienes más éxito tienen cuando aplican sus ideas porque conocen del sector, tienen contactos y están listos para detectar una oportunidad. Bienvenidos los programas para hombres y mujeres y para todos los grupos de edad.

La magia de apostarle a un tecnopolo, como sería un Aguascalientes Valley, es que se pueden determinar las prioridades gubernamentales de inversión a partir de la identificación de los retos y de la problemática local. Se trata de generar un ecosistema de emprendimiento donde los creativos (jóvenes y no tan jóvenes) respondan con sus ideas, con el diseño de tecnología original, a esos retos y que reciban acompañamiento todo el tiempo, pero también se atrevan a someterse a procesos de selección mediante el cual se identifique el potencial competitivo de sus innovaciones, antes de bajar la inversión tanto para el surgimiento (startups)  como para la consolidación (scaleups) solicitada.

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