La Corte norteamericana

David Reynoso Rivera Río

Tomando como base la infinidad de portales web de noticias y la existencia de redes sociales como Twitter, debemos afirmar que una de las grandes ventajas de vivir en un mundo globalizado, es el hecho de poder obtener un sinfín de información proveniente de todas partes del mundo, casi de manera instantánea. Obtener información global permite ampliar nuestro bagaje cultural e intelectual y en muchas ocasiones realizar ejercicios comparativos entre situaciones o hipótesis que acontecen en nuestra realidad y la de algún otro rincón.

Hace un par de días, se dio a conocer el lamentable fallecimiento del justice Antonin Scalia, miembro de la Suprema Corte de Justicia en el país vecino de los Estados Unidos de Norteamérica. De manera inmediata se anunciaron las solemnes despedidas y acto siguiente los pronunciamientos políticos sobre la vacante que ha quedado en el máximo tribunal del país vecino. Todo esto resulta interesante ya que recordemos que hace unos meses vivimos en nuestro país un proceso de designación de ministros a la Suprema Corte de Justicia y el proceso que se avecina permitirá la comparación entre los procesos en ambos países.

Realizar la designación del juez constitucional significará una gran batalla política entre el presidente demócrata Barack Obama y la oposición del partido republicano que forma mayoría en el Senado, ya que la designación del nuevo justice (término con el que se les conoce a los ministros) inicia con la proposición de un solo nombre (en comparación con la terna que presenta el titular del poder ejecutivo en México), mismo que es turnado al Senado y a través de su comité de asuntos judiciales lleva a cabo exhaustivas audiciones para comprobar la idoneidad del nominado y finalmente pasa a votación del pleno. En nuestro país el nombramiento también lo realiza el Senado y el encargo es por 15 años, mientras que en Estados Unidos es de manera vitalicia.

Dadas las circunstancias, el proceso converge con las intensas campañas para las elecciones presidenciales de noviembre. Esto ha generado que los líderes conservadores republicanos exijan abiertamente que la selección del justice vacante, no se haga sino hasta después de las elecciones presidenciales, lo cual significaría dejar el sitio vacante por Scalia más de 330 días (en toda la historia de la composición de la Corte norteamericana, el Senado nunca ha tardado más de 125 días en deliberar la propuesta del presidente). Por otra parte, Obama ha sido tajante en sus declaraciones y anuncia que se encuentra recopilando información a efecto de cumplir con su deber constitucional y proporcionar el mejor nombre.

Antonin Scalia llegó a la Corte a través de la nominación de Reagan en 1986 y su pensamiento conservador permeó en las decisiones del tribunal ya que se decía seguidor de la doctrina judicial denominada originalismo, según la cual la Constitución de los Estados Unidos de Norteamérica debe leerse en su sentido literal, tal como la concibieron sus redactores.

El nuevo nombramiento representará una injerencia en discusiones importantísimas como los intentos de ciertos estados de aumentar la regulación en las clínicas de aborto, la consideración de raza en las admisiones universitarias y la acción ejecutiva que el mismo Obama tomó con respecto a la inmigración, entre muchas otras. De ahí la trascendencia de la elección del próximo juez y la posibilidad que tiene Obama de inclinar la balanza hacia una Corte de tendencia liberal y garantista o negociar perfiles con los grupos republicanos.

Nos encontramos frente a un auténtico ejercicio de pesos y contrapesos jurídicos y políticos, razón por la cual los invito a seguir de cerca el desenlace de la historia y quizá en un futuro, inclusive poder ver de qué manera nuestro proceso de designación pudiera obtener retroalimentarse de algunos procesos llevados en el extranjero.

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