La columna rota

Por Daniel Amézquita

Uno se ve en Frida quizás porque el dolor es constante y contagia todo, también es goce y ella lo dice tal cual en su obra. Quizás porque, como ella, somos lo que conocemos mejor y siempre estamos solos, nos obsesionamos con lo que no logramos, lo sufrimos y lo sufrimos y lo sufrimos hasta conducirnos desafiantes y con firmeza. Uno se ve en Frida porque todos subimos a un camión que nos destroza la vida y sentimos un amor desesperado, intempestivo e intenso que nos ahoga el alma, que es placer y sentido, lo sabemos como a un cactus con todas sus espinas. Y le buscamos mil salidas a nuestro dolor, lo tratamos de ahuyentar y lo intentamos disolver siempre repitiéndolo, ratificándolo, maldiciéndolo y bendiciéndolo en nuestros propios lienzos; como dice Frida, uno no intuye la clase de herida que tiene. Además dice Frida: “Mentiras que uno se da cuenta del choque. Mentiras que se llora, en mí no hubo lágrimas”. Quizás porque estamos hechos de dolor y porque éste resulta siempre de los momentos más importantes, gozosos y preciados de la vida, o con ellos. Porque el tema recurrente de su producción es la condición humana. Quizás por eso “La columna rota” es de mis favoritas. Cada vez que la contemplo me dice algo nuevo.