Los dioses se pasean por sus carrozas en la pantalla.

Tal vez se deba a que somos hijos de la tierra, y nuestra captación de paisaje tiende a la horizontalidad, pero cuando escudriñamos en línea vertical, exiliamos con demasiada frecuencia hacia lo alto toda fantasía que podamos elucubrar. Se construyen elevados edificios con la vana idea de emular un empíreo ascenso que haga olvidar a nuestros pies que solo nacieron para una superficie y máquinas que arrebatan solo por breves instantes el dominio de las aves por la bóveda celeste. Para ser entidades terrestres, pasamos demasiado tiempo muy lejos del suelo, ya sea musitando plegarias para regocijo espiritual en un paraíso ubicado en el firmamento, infringiendo las leyes de la física en aras del primigenio deleite por la materialización de sueños e imaginando qué o quienes podrían habitar aquellas fronteras cuyos bordes se extravían en un infinito trazado de estrellas. En ocasiones, tales habitantes adquieren rasgos y culto y los llamamos dioses, pero por lo general los inquilinos del cosmos los hemos visualizado como errantes peregrinos que vagan por nuestro territorio en reciprocidad por nuestros intentos de verlos a ellos, dividiendo posturas sobre su existencia y generando debates que ya se han extendido demasiadas décadas. Su existencia parece depender de la vehemente necesidad de nuestra raza a no sucumbir ante el atronador eco que resuena en la oscuridad del espacio, y estos por lo general suelen responder con cierto furor, inspirando relatos, mitos e incluso filmes a su alrededor. Para unos son señales de algo que trasciende la experiencia humana, para otros son meramente Objetos Voladores No Identificados, pero en ambas reside una sola imperativa: la fascinación por lo que brota de Allá Afuera.
“Encuentros Cercanos del tercer Tipo” probablemente sea la piedra angular en este proceso de estudio inquisitivo sobre la manifestación de vida no terrícola en términos benévolos, pues previamente toda la camada de cintas de serie “B” durante los 50’s y 60’s simplemente horadaron la veta narrativa de nuestro planeta como elemento pasivo ante una horda de invasores alienígenas de implacable agresividad. La cinta de Steven Spielberg se bifurca tanto para mostrar la inmersión de un perplejo hijo de la hamburguesa suburbana (Richard Dreyfuss) en un ámbito de magnificencia cósmica cuando le sucede lo que indica el título de la cinta como las implicaciones geopolítica de tal acontecimiento. La cinta busca destacar el significado en la trasgresión de nuestro espacio aéreo por vehículos voladores de luminiscencia y policromía imposibles de conseguir en términos naturales vinculados a la quebradiza naturaleza de los humanos (el hecho de que el personaje de Dreyfuss pierda su familia, su trabajo y su hogar ante la obsesión de reencontrarse con los visitantes no pasa de ser un símbolo casero al respecto, pero ahí está) hasta culminar en un ritmo in crescendo con la cuasi apocalíptica visión de la nave nodriza en pleno desierto de Wyoming. Lejos quedaron las modestas visiones de platos voladores ante la magnificencia visual de tales creaciones, las cuales hacen palidecer la puerilidad de la trama secundaria sobre el personaje de Dreyfuss, una prolongada justificación de Spielberg a la inmadurez, pues su tesis estriba en que mas vale huir de tus responsabilidades en una nave extraterrestre que enfrentarlas de cara. Sobra decir que el filme fue un éxito rotundo y solidificó las bases para el sustento de la fe en las visitas planetarias.
Otros filmes han tratado de focalizar sus esfuerzos narrativos en el aspecto intrusivo de los OVNIS y no necesariamente en sus tripulantes, abandonando la dulzura del filme anterior y reforzando la idea de que tal premisa puede no necesariamente equivaler a un acto de expiación. Amén de las incontables series de televisión que de este fenómeno brotaron (sobre todo en los 70’s, década del furor OVNI), algunas producciones pretendieron abordar el tema desde un ángulo más pavoroso, como es el caso de “Endangered Species” (Rudolph, E.U., 1982), producto de la paranoia que comenzaba a aquejar a varios campesinos norteamericanos sobre extrañas mutilaciones de ganado adjudicadas a avistamientos OVNI. La cinta tenía como héroe a Robert Urich, quien no tardó en volver a sus series de T.V. después del gran fracaso que significó esta torpe y flácida producción. “El Reclamador” (Cox, E.U., 1984), cinta de culto por excelencia, se ganó dicho estatus a pulso gracias a su alocada premisa: un reclamador de autos interpretado por Emilio Estevez ve su vida cambiada radicalmente cuando es perseguido por su más reciente reclamación, un automóvil que puede o no tener en la cajuela trasera una nave alienígena. Lo que en realidad sucede en esta extravagancia ochentera es que su director Alex Cox aprovecha la fijación de sus congéneres por los tabloides para destripar un poco aquella bestia amorfa y maloliente llamada “cultura americana”…y los resultados equivalen a un viaje de verse para creerse. “Comunión” (Strieber, Canadá, 1988) y “Fuego en el Cielo” (Lieberman, E.U., 1993) tocan con una vena más aterradora lo que “Encuentros Cercanos…” azucaraba: una abducción alienígena no garantiza la felicidad eterna. Ambos proyectos surgen de supuestos acontecimientos verídicos, compartiendo la siamesa perspectiva de los traumas y dolores emocionales que conlleva un paseo no solicitado por el universo en calidad de conejillo de indias, una característica que comparten con otra producción más reciente titulada “El Cuarto Contacto” (Osunsanmi, E.U., 2009), mas todas fracasan en el mismo punto nodal: sus personajes jamás logran dimensionarse más allá de ser víctimas de la incredulidad social, y ante tal aspecto motivacional, poco se puede hacer para tejer una historia apasionante o cautivadora si de lo único que dependen es del chantaje que produce tal condición (además que en los tres casos sus respectivos directores muestran una alarmante incapacidad por generar dramas honestos de sus temas). Por supuesto, muy diferente piensan tanto los protagonistas como seguidores de “Los Expedientes Secretos X”, serie televisiva que parió dos largometrajes y donde uno de los ingredientes esenciales eran, efectivamente, los avistamientos OVNI, por lo que un cierto giro de tuerca al asunto más interesante lo encontramos en “Contacto” (Zemeckis, E.U., 1998), basada en el libro de Carl Sagan y que expresa una postura más filosófica al respecto, guiada por una protagonista encarnada por Jodie Foster quien gracias a su agnosticismo percibe dimensionadamente un enlace con vida inteligente en el espacio.
Volteemos entonces, aunque sea una sola vez, a las estrellas. No sabemos, pero tarde o temprano éstas pueden correspondernos la gentileza.

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