Carlos Reyes Sahagún / Cronista del Municipio de Aguascalientes

Indudablemente Aguascalientes se enriqueció con la construcción de la Central Camionera, inaugurada hace 50 años, en mayo de 1967, debido a que propició que los grandes autobuses dejaran de circular por la ciudad, con su costo de ruido, contaminación y riesgo de colisiones y atropellos, así como desgaste de los pavimentos urbanos. A propósito de esto, aunque en relación con el transporte urbano, el 27 de abril de 1945 El Sol del Centro publicó una noticia que le parecerá a usted que es de esta mañana, o de ayer, y no de hace poco más de 72 años.
Vea usted si no: decía el diario García Valseca que el Departamento de Obras Públicas del ayuntamiento estaba realizando tareas de bacheo de calles, en principio en aquellas por donde corrían las rutas de transporte urbano, “a fin de que estas empresas de transporte mejoren sus medios de comunicación, y no aleguen la deficiencia del servicio achacándolo al pésimo estado de las calles”.
Este mismo planteamiento se aplica a las líneas de camiones de carga como, por ejemplo, Transportes Tres Guerras, cuyo almacén y oficinas estaban en la avenida José María Chávez. Me acuerdo de los grandes camiones Torton, circulando por las calles del centro, dejando a su paso una cauda de pestilente modernidad, negro humo que ensuciaba el ambiente, y produciendo un ruido de los diablos con los escapes, todo en aras de entregar sus mercancías, hasta que fueron prohibidos, no hace demasiado tiempo.
Finalmente habría que decir que la Central Camionera es una seña que marca la dinámica del crecimiento urbano. Como en su momento lo fue el taller del ferrocarril y los tanques de almacenamiento de Pemex, instalaciones que fueron edificadas en donde en ese momento era la orilla de la capital, así la central de autobuses, que fue erigida donde a mediados de la década de los sesenta se encontraba el límite del crecimiento de la urbe.
Esta nueva instalación fue levantada ahí, en una clara medida de descentralización de la infraestructura urbana, en un esfuerzo por sacar este tipo de servicios de la mancha urbana y, sobre todo, de las zonas residenciales. En este sentido es importante señalar que la Central Camionera se convirtió en un polo de desarrollo para todos aquellos servicios asociados con el transporte de personas y paquetería, talleres, auto lavados, negocios de refacciones, hoteles de paso, restaurantes, etc., como rodean prácticamente por todos lados el establecimiento.
Así que hacia 1967 la ciudad llegaba más o menos hasta esa zona, cuyo límite estaba marcado por la Avenida Circunvalación, hoy de la Convención, que ya también quedó dentro de la mancha urbana, al igual que la Central Camionera, e incluso algunos de los servicios que se les otorgan a los autobuses, talleres de reparación y limpieza, han pasado a la Ciudad Industrial, que comenzó a desarrollarse años después, a principios de los años setenta.
Y a propósito de la Circunvalación, habría que señalar que una central camionera en la orilla de la ciudad obligaba la construcción de una vía de acceso, tanto hacia la ciudad, como a las principales carreteras que comunican a Aguascalientes con otras latitudes, que fue esta que menciono, y que en ese tiempo estaba también en construcción. Entonces, la central camionera y la avenida Circunvalación van juntas. Trazada durante la administración del gobernador Luis Ortega Douglas, fue pavimentada por lo menos durante el siguiente gobierno, que presidió el profesor Enrique Olivares Santana. El “por lo menos” va porque quizá, dada la magnitud de la obra, la conclusión de la pavimentación se hubiera dado en el siguiente gobierno, pero por desgracia no estoy en posibilidades de informárselo de manera inequívoca.
En fin, que hasta esa época, más o menos, la ciudad tuvo un límite natural de crecimiento en el arroyo del Cedazo, el mismo que es hoy la Avenida Ayuntamiento. Llegaba la ciudad hasta el puente, y más allá de este comenzaba el campo. Estaban también la distribuidora Ford, de los señores Guzmán, el Hotel y gasolinera Medrano, de los señores Medrano Parada; la agencia Chevrolet, de otro señor Guzmán; San Marcos Courts, de Miguel Dosamantes Rul y otro hotel cuyo nombre se me escapa, pero que tenía un restaurante llamado La Codorniz Vagabunda. Un poco más lejos estaban el Fraccionamiento Jardines de la Asunción, iniciado a mediados de los años cincuenta, y después el aeropuerto.
Lo único que desentonaba con esta infraestructura turística era un templo en construcción, el de las Tres Ave Marías, debido al impulso del padre Ricardo Corpus Alonso.
Lo recuerdo ahora por lo siguiente: una nota publicada por El Heraldo de Aguascalientes el martes 26 de febrero de 1963, da cuenta de que la zona se vistió de fiesta en honor del beato Sebastián de Aparicio, al que se le había dedicado una ermita al lado del templo en construcción.
La noticia informaba que a las 19 horas había tenido lugar el momento culminante, con la participación de varios autobuses Permisionarios del Centro y Autobuses Zacatecanos debidamente adornados. El padre Corpus, quien era el organizador de la fiesta, y capellán del templo en construcción, encabezó una peregrinación desde el puente del Cedazo hasta la ermita del templo que estaba edificándose, en la que, además de los autobuses, participaron “danzas típicas”.
Una prueba de que ya ahí, en las Tres Ave Marías, se estaba fuera de la ciudad, está dada por el hecho de que el padre Corpus acostumbrara subir a los camiones que así se lo permitieran, y que iban de salida de Aguascalientes, a pasar la charola para la construcción del templo, y posiblemente a dirigir alguna oración ante la ermita dedicada al constructor de caminos, para que los pasajeros llegaran con bien a su destino.(Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).