Josemaría León Lara

La mitología griega se caracteriza por el uso de las metáforas, al resaltar de manera precisa la naturaleza del hombre a través de los dioses del Olimpo; y a pesar de lo antiguas que resultan ser, permanecen vigentes en la cultura y tradición occidental. No es la excepción la historia de la caja regalada por los dioses a Pandora, mujer a la que se le había impuesto una sola condición, la de no abrirla, ya que contenía en su interior los males de todo el mundo; sucede que eventualmente terminó por abrirla.

Desde el inicio de los sistemas sociales organizados para velar por los intereses de la comunidad, el hombre se ha visto inmerso en la dicotomía que surge del ejercicio del poder, esto es usarlo para el bien o para el mal. Resultaría un autoengaño no reconocer el cómo el poder puede corromper el corazón del hombre, orillándolo a tomar decisiones o llevar a cabo acciones capaces de difundir el mal sin ninguna limitación, situación que no es otra cosa que las múltiples Cajas de Pandora que se han abierto a lo largo de la historia.

El desconocimiento o la negación del pasado al subestimar su importancia, es sinónimo de repetir. Cuando las pistas y las señales son más evidentes, la soberbia nos llama a no hacer caso y continuar por un camino ya recorrido, dónde ilusamente creemos que el resultado será distinto. Justo como está pasando ahora en Colombia, tras la firma de los Tratados de La Habana y el referendo del domingo pasado.

Es innegable que la búsqueda de paz es un acto que refleja el bien mayor, pero en ocasiones lo medios utilizados para alcanzarla no son los más idóneos. Ha pasado ya medio siglo desde que estallara la guerra entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias Colombianas (FARC) y el gobierno de aquel país; décadas enteras que se han visto envueltas en violencia, narcotráfico y terror, poniendo de cabeza a una nación entera.

El surgimiento de la guerrilla en Colombia como en muchos otros países, es resultado del movimiento socialista que floreció a principios de la segunda mitad del siglo XX, dónde la ideología de Marx y Lenin se instalaría de manera permanente. Las FARC como cualquier otro movimiento “social” (político), debían salir a la búsqueda de los recursos necesarios para poder actuar y aprovechándose de la situación, se podría decir que se convirtieron en un cartel de la droga.

Con el paso de los años su fuerza y su poder político aumentaron, tanto así que el ejército colombiano no tenía la suficiente capacidad de controlar la ola de secuestros, extorsiones, cobros de derecho de piso, entre muchas otras cosas. Es por ello que un sector del pueblo colombiano optó por la creación de grupos paramilitares para defenderse a sí mismos, algo que su gobierno no les podía otorgar; la situación no podía ser peor, contaban con guerrilla, carteles, grupos paramilitares, un gobierno incapaz y un pueblo aterrorizado viviendo en la impotencia.

Los tiempos eventualmente cambiaron y se obtuvo el apoyo de actores externos para que el ejército contara con el armamento y el entrenamiento necesario para contrarrestar el poder de la guerrilla; sin embargo el derramamiento de sangre permaneció como una constante. Los intentos fueron muchos y al final del día no dieron resultado, por lo que se buscaron otras maneras, optando por la diplomacia y el diálogo.

Comprobamos una vez que el fin nunca justifica los medios, es cierto que por fin se alcanzó la paz, como también es cierto que los mismos criminales que infundieron el terror por tantos años, ahora sean perdonados de todas sus faltas y que se les dé la bienvenida a formar parte del gobierno al ser reconocidos como partido político, recibir presupuesto, escaños regalados en el Congreso y concesiones radiofónicas a lo largo de todo el país, entre muchas otras cosas.

En esta “paz” solo hubo una parte victoriosa, las FARC al fin obtuvieron todo aquello por lo que lucharon por tantos años y a través de la exoneración han encontrado su legitimidad, dejando en el olvido todo el mal que causaron y a toda la gente que dañaron. El pueblo de Colombia se encuentra dividido por el giro que está dando su país, de manera tan radical que es posible que de momento no logren visualizar las repercusiones que todo esto va a atraer.

Suposiciones existen por montón, pero es evidente la presencia de la teoría del marxismo cultural  y mencionado de paso a sus vecinos los venezolanos como el ejemplo más claro de lo que deben de evitar. En Colombia se ha abierto nuevamente la Caja de Pandora, solo falta esperar para conocer los males que tiene en su interior.

Agradezco de la ayuda del Dr. Gabriel Mora Restrepo, colombiano, quien hizo que la redacción de este trabajo de opinión fuera más sencillo de realizar.

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@ChemaLeonLara