José Luis Macías Alonso

Nada es constante, menos permanente.

“El sistema político que emergió después de la Revolución suministró a México una estabilidad política sin precedente en América Latina y la estructura política necesaria para un nuevo periodo de crecimiento económico rápido” Escribió en 1968 un famoso y respetado politólogo de la Universidad de Harvard fallecido apenas en 2008 de nombre Samuel Huntington en su obra “El orden político en las sociedades en cambio”. Una de las razones por las cuales hizo tal afirmación este norteamericano fue por la eficacia casi implacable con la que el partido dominante efectuaba el andamiaje corporativista dentro de su sistema político. En pleno 2015, pensar que este patrón puede dar resultados efectivos es sencillamente insostenible.

Para los que no conozcan el término corporativismo o para los que conocen varias acepciones, abro paréntesis y advierto que para efectos de esta columneja, corporativismo será lo que para Schmitter también es: sistema de representación de intereses donde los actores son organizados en categorías funcionales, disciplinadas y jerarquizadas que subsisten en razón de la capacidad de elegir a sus representantes y satisfacer sus demandas. Cierro paréntesis.

La consolidación del poder a través del proceso de institucionalización que tuvo México y la interacción efectiva con las masas para la realización de las acciones económicas, sociales y políticas en beneficio del país, en gran parte obedecen a esta comunicación armónicamente estructurada que fue construida por la sociedad e instrumentada por el PRI. Para satisfacer una demanda de un sector obrero, éstos, organizados previamente, acordaban la petición a lo interno, su líder la manifestaba y el ente político la atendía. Para demostrar el descontento con alguna decisión pública, el sector empresarial se aglutinaba y lo declaraba en bloque, en razón de ello, el órgano estatal reaccionaba activando canales de diálogo. Las manifestaciones políticas de apoyo hacia un candidato se realizaban en conjunto; la Confederación de Tianguistas de la Ciudad México determinaba mediante métodos democráticos o no democráticos, el apoyo para uno u otro candidato. Esto, que durante los años setentas empezó a desvanecerse, el día de hoy está por extinguirse.

Moisés Naím es un economista al que ya hemos acudido en columnejas anteriores autor del libro: “La caída del poder”. En esta obra, este escritor venezolano advierte, al igual que un servidor, esta debacle estrepitosa que está sufriendo el modelo social en bloques. Para Naím el poder que es uno solo y que antes era administrado por pocos, hoy se ha pulverizado en micro poderes que re configuran el orden político y desestabilizan el viejo sistema monolítico del ejercicio de poder.

En la arena política, de manera particular en la electoral, los triunfos en las urnas y la construcción de afinidades ya no se obtienen mediante estos métodos arcaicos del corporativismo. No por cenar con el Presidente de la Asociación de Padres de Familia el candidato podrá dormir tranquilo pensando que tiene el respaldo de todo ese nicho electoral. No por seducir y convencer a un jerarca religioso, obtendrá el respaldo de sus feligreses. No porque la madre sea una férrea militante, su familia también lo será. En corto: no porque ayer funcionó, hoy funcionará; el orden social es dinámico y volátil.

El corporativismo tan útil para preservar por largo tiempo la estabilidad política y al mismo tiempo emprender un proyecto de modernización social, experimenta una caída libre y, proporcionalmente a la inversa, la interacción individual de las masas gana terreno en el comportamiento social y por ende, en la estructuración de los sistemas políticos.

El sistema democrático, el modelo liberal y el avance tecnológico son los tres motores de este nuevo paradigma. Los incentivos para el aglutinamiento masivo de voluntades cada vez son menores, y las posibilidades y conveniencias para la acción individual, se incrementan minuto a minuto.

En el contexto como el que tiene actualmente Aguascalientes de apertura inmensa de oportunidades en los entornos políticos, económicos y sociales, un ciudadano goza de una libertad sin precedentes que lo coloca en una posición de libre decisión de sus preferencias y libre acceso a la satisfacción de sus demandas. Sumado a una realidad tecnológica que permite la comunicación sin limitación, ni en el mensaje, ni en el receptor y que además establece caminos de interacción con todos los actores políticos y sociales, el corporativismo simple y sencillamente debe tomar su lugar en la silla de espera.

El sistema político es otro, los jugadores que no evolucionen terminaran extinguiéndose.

@licpepemacias