La bueyada de Bernaldo deslució la corrida inicial

Manzanares una oreja Zotoluco un aviso Talavante de vacío

Por Alejandro Hernández R.

Mínimo relieve alcanzó la primera corrida de la temporada grande en La Plaza México, al cargarse la tarde una verdadera y desesperante mansada de Bernaldo de Quirós, que si bien, ahora envió un encierro con mayor seriedad, careció por completo del elemento principal de un toro de lidia, la bravura.
La tarde la han tenido muy cuesta arriba los toreros que han puesto en juego sus respectivas tauromaquias, con tal de justificarse ante una corrida en su conjunto, algo más presentable que otras tardes, variopinta de pelaje, de escaso juego, deslucida, rajada y campeando la debilidad, siendo el menos malo el quinto, al que José María Manzanares, sin obligarlo y toreándole con mimo y lentitud, sujetándole para que no se rajara, logro cortar la única oreja de la tarde.
¡A que los Bernarditos!, pero la empresa y toreros en la culpa se han llevado la penitencia, porque aquello fue algo como “la crónica de una muerte anunciada”. El primero fue manso, débil y tardo. El segundo, salió huyendo del piquero, dejándose con el otro, terminando agarrado al piso. El tercero también se escupió del caballo las dos veces que le pusieron en suerte, siendo manso perdido. El cuarto, en otro tipo, hizo concebir esperanzas en los primeros compases de la lidia, sacando más ríos y desplazándose. Pronto se rajó, saliendo suelto de la muleta rumbo a tablas. El quinto, fino de cabos, musculoso, sin apretar tumbo al picador por lo torpe del jamelgo, sin acabar de romper, regaló algunas embestidas con nobleza, rajándose buscando su querencia de los adentros. El sexto, con más cara que corpulencia, carecía de celo alguno, volviéndose muy tardo y sin emplearse en el engaño. Total, aquello fue todo un petardo ganadero.
Para esta corrida inaugural, el embudo de Insurgentes registro algo así como un tercio de entrada, en tarde fría y húmeda, donde el público salió un tanto aburrido ante lo infumable del encierro, conforme con el esfuerzo de los toreros, pero sin llegar a ser lo que se esperaba.
Como una novedad de la nueva empresa, para darle mayor interés a su temporada, configuro un cartel en base a un torero mexicano, el capitalino Eulalio López “Zotoluco” (silencio y aviso), y dos toreros españoles, el alicantino José María Manzanares (ovación tras leve petición y oreja blandita), y el extremeño Alejandro Talavante (silencio y silencio).
Precedido de una serie de triunfos en provincia, en esta su campaña de despedida después de 33 años de alternativa, el diestro capitalino Eulalio López “El Zotoluco”, no ha corrido ayer con la suerte de sus recientes éxitos, en su primero al no ser de su voluntad y poca confianza, poco se puede relatar de su desempeño frente a un toro falto de colaboración, manso hasta lo indecible, no sin intentar hacer el toreo en redondo. Señaló un pinchazo saliéndose, descaradamente, de la suerte, dejando media estocada alargando el brazo. Silencio. Con su segundo, por desgracia lo que inicio con gran ímpetu, toreando por chicuelinas de plantas muy firmes y en el centro del anillo, que valieron una carretada de palmas, terminó intentando torear con maestría llevando la muleta en sus manos, teniendo algunos momentos buenos, a cambio de sufrir varios desarmes de verse a merced del toro, pero ya no con las condiciones y reflejos de antaño. La verdad estuvo por debajo de las condiciones del toro. Falló a espadas y se despidió después de escuchar un retumbante aviso.
Manzanares, con el segundo de la tarde, hizo vibrar la plaza con la artística expresión que proyecta con su toreo, siempre con empaque, con verticalidad, con mando y largueza, como lo expresó en esas tres series de naturales, siempre muy firme y alargando el trazo, brillando con mucha intensidad en sus adornos y pases por alto, donde el respetable respondió con fuerza. Pero su trasteo careció de consistencia, viviéndose entre algunos altibajos, dando la impresión de perder la colocación. Acertó al primer viaje y tuvo leve petición, escuchando palmas. Al quinto, segundo de su lote, le vio claro desde con el capote, consciente que al menor intento por atacarlo se rajaría, entonces mimándole, toreando muy apoyado en los riñones, vertical, muy templado y al ritmo de toro, fue tirando de él, dejándole puesta la muleta en todo momento, para que volviera sobre ella, sujetándole cuando dio muestras de regarse, surgiendo pases lentos, tersos y de gran exposición, dándole calor a la tarde, entre los atronadores vítores del respetable, en una faena en que impuso su magisterio, cobrando una estocada muy baja, premiada con una oreja, la única concedida en la tarde, el primer apéndice de la temporada.
Por su cuenta, Alejandro Talavante ha pechado con el lote muy descastado, sin raza, ni colaboración. Y por más empeño sólo se le vio en pases aislados de calidad.
Para hoy, se anuncia el mano a mano obligado entre Joselito y el peruano Andrés Roca Rey, con toros del Xajay, por el percance de Luis David Adame, anunciado para su confirmación de alternativa.