El obispo José María de la Torre Martín informó que el Observador Permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas, monseñor Bernardito Auza, realizó una intervención para rechazar el uso de drogas ilegales y explicó que la legalización de las mismas no conduce a una reducción de los males que acarrean.

Insistió sobre los efectos negativos de las drogas sobre la familia y la sociedad y la necesidad de trabajar en rehabilitar a las personas atadas al consumo de estos elementos.

“La Santa Sede rechaza firmemente el uso de drogas ilegales y la legalización del uso de narcóticos”, enfatizó al recordar el llamado del Papa Francisco a trabajar, por el contrario, en las causas del problema como lo son la justicia social, la adecuada educación de los jóvenes y el acompañamiento a quienes padecen dificultades.

Los intentos de legalización de “las llamadas drogas recreativas no sólo son altamente cuestionables, sino que además fracasan en producir el efecto deseado”, añadió.

Al parafrasear a S.S. dijo que “la batalla contra la drogas no puede ganarse con drogas. Las drogas son malas y con el mal no puede haber rendición ni transigencia”.

Hizo hincapié en la importancia de la familia, como la piedra angular de las estrategias de prevención, tratamiento de rehabilitación, reintegración y salud; refirió que el uso de drogas crea desequilibrio en las relaciones familiares, ya que cuando un miembro es adicto, toda la familia sufre; las drogas afectan negativamente la comunidad local y finalmente desestabilizan a la sociedad.

El enfoque en la familia permite prevenir las futuras adicciones al educar a los niños en la virtud de decir “no” a las drogas ilícitas, y la reducción de la demanda conduciría necesariamente a una reducción del tráfico de drogas.

De esta manera, al educar a nuestros niños y jóvenes sobre el daño del abuso de drogas se tendría un elemento importante en la lucha contra el uso de las drogas, ya que la demanda se reduciría.

El Prelado recalcó la importancia de dedicar esfuerzos a la rehabilitación de los adictos a las drogas, quienes necesitan un gran apoyo de parte de la sociedad, e invocó el principio de proporcionalidad sobre las penas impuestas a cada uno de los involucrados en la cadena criminal del tráfico y consumo de drogas.