Carlos Reyes Sahagún

25 de abril, mañana de Aguascalientes típica de rebozo terciado y arracadas de sol, mediodía ardoroso y bravío, atardecer de nácar y noche de mirada negra y vestido de gala”…
“Bienvenidos sean caminantes que buscan la fuente de azulejos para calmar su sed de romanticismo, sean bienvenidos los peregrinos que desean trasponer la monumental portada de cantera y entrar a los dominios que rodea amorosa la balaustrada para vaciar en las copas de las flores sus penas y beber en las copas de cristal el vino generoso que alivia y alegra.

El Heraldo de Aguascalientes, 25 de abril de 1961.

Permítame dedicar cuatro o cinco entregas de esta columna a la balaustrada del jardín de San Marcos, tomando como pretexto el hecho de que hace unas semanas este monumento fue noticia en los medios, debido a unas reparaciones que se le hicieron. En términos generales los hechos fueron los siguientes: entre el 26 y el 28 de julio se suscitó un revuelo con motivo de las citadas reparaciones, que por tramos semejaron una mutilación. Yo me enteré por una serie de fotografías que la diputada Ángeles Aguilera Ramírez me hizo llegar a mi página de Facebook -Carlos Reyes Sahagún. Cronista del municipio de Aguascalientes, por si se le antoja darse una vueltecita-, y en las que se mostraba, además de unos albañiles trabajando, un fragmento de balaustrada caído, o más bien la falta de la misma, esto en el lado norte de la calle Enrique Fernández Ledesma, es decir, en la zona nororiente, ahí donde los vehículos giran hacia la calle Jesús F. Contreras, viniendo por la Venustiano Carranza. Esto fue el día 26.
Al día siguiente madrugó el secretario de Obras Públicas del Municipio, para apersonarse en el informativo “Buenos días Aguascalientes”, y difundir la siguiente información: 1. La obra contaba con la bendición del INAH y, 2. Los trabajos obedecían al obligado mantenimiento que el monumento merecía y necesitaba. El servidor público aprovechó el viaje para pedirle a la ciudadanía muy encarecidamente, que por favor no se sentara encima del rodapié de arriba, porque no era para eso y se maltrataba. Al día siguiente el presidente municipal, a través del mismo noticiero, nos hizo saber la molestia que había experimentado por la forma en que estaban realizándose dichos trabajos, etc.
Finalmente, el día 28 este diario publicó una nota en la que el delegado del INAH declaraba que, efectivamente, la obra contaba con el aval de su dependencia, pero en todo caso el procedimiento había sido erróneo, dado que las piezas dañadas habían sido retiradas a punta de golpes de cincel, y no con una sierra eléctrica, tal y como correspondía. A propósito de esto me pregunto cómo le harían para ejecutar trabajos análogos, antes de que se inventaran las sierras eléctricas.
Finalmente los trabajos fueron concluidos y la balaustrada volvió al silencio de siempre, hasta que la traigan de vuelta a los medios la próxima feria, o el siguiente estropicio o vehículo que se suba a la banqueta y la dañe.
La balaustrada del Jardín de San Marcos es, usted lo sabe muy bien, un icono de Aguascalientes; uno de sus principales símbolos, así que comenzaré por esta dimensión del tema. Dice el diccionario de la RAE que icono procede del francés icône, que a su vez viene del ruso ikona, y este del griego bizantino εἰκών, -όνος eikṓn, -ónos. De todas las acepciones que ofrece el catecismo de la lengua, me interesa destacar la tercera, que textualmente señala que se trata de un “signo que mantiene una relación de semejanza con el objeto representado, por ejemplo, las señales de cruce, badén o curva en las carreteras”.
Por otra parte, y en seguimiento puntual de la misma fuente, el término símbolo tiene su origen en la palabra latina symbŏlus, en tanto este proviene de la griega σύμβολος sýmbolos. En su primera acepción se trata de un “elemento u objeto material que, por convención o asociación, se considera representativo de una entidad, de una idea, de una cierta condición, etc.”
Aclarado lo anterior, paso a preguntar: ¿Cuáles son los símbolos de Aguascalientes, sus iconos? De México está bien fácil: La bandera tricolor, y en especial el águila devorando a la serpiente, la Virgen de Guadalupe, mi general Emiliano Zapata, el licenciado Benito Juárez, la Catrina, la selección de futbol -aunque gane-, etc. Pero, ¿cuáles son símbolos de Aguascalientes, aquellas imágenes que de manera hasta mecánica relacionamos con el estado, con la ciudad? Para contestar esto es preciso, entre otras cosas, considerar una serie de factores relacionados con la historia, la cultura, las actividades económicas, las fiestas…
He estado dándole vueltas al asunto en los últimos días, y a reserva de que se pronuncie usted al respecto, tendré la temeridad de ofrecerle una lista -siempre en mi inútil opinión-, pensando en que las siguientes imágenes usted las ha visto en empresas, en dependencias gubernamentales, en publicidad, etc.
Son imágenes que con intensidades diversas evocan a Aguascalientes. Corre y se va: El Cerro del Muerto, la exedra, la Virgen de la Asunción, los teatros Morelos y de Aguascalientes, la estación del ferrocarril, el escudo del estado, la catedral, el templo de san Antonio, una pelea de gallos, la balaustrada de San Marcos y quizá la más famosa de ellas, el primer lugar, la imagen más socorrida y abusada: Las puertas del “romántico jardín” de San Marcos. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).