La alfarería, un oficio a punto de la extinción

Después de una época de esplendor, hoy vive de milagro

En vías de extinción se encuentra la alfarería en Aguascalientes. Después de una época de esplendor, en los 60’s y poco antes de los 90’s, hoy sobrevive “de milagro” porque ya pocas personas compran macetas, consideró José Luis Proa, uno de los pocos alfareros que quedan, cuenta con 90 años de edad y sobrevive con una actividad de muy baja demanda y que lleva varias décadas enclavado en la calle Del Carmen, del tradicional barrio de Cholula.
Los cambios en los estilos de vida, el que las casas hoy ya no sean tan grandes como las de antes, “porque en las casas de ahora, si mete una maceta tiene que sacar un sillón”, la invasión de macetas de plástico de origen chino y la falta de apoyo del gobierno para rescatar nuestras tradiciones, han llevado al punto de la extinción el trabajo artesanal del barro en Aguascalientes.
Explicó que en más de 80 años que lleva ejerciendo el oficio, nunca había visto la situación tan difícil para los pocos alfareros que hay en la entidad.
“Las personas compran cada vez menos macetas, incluso hay días en los que no se vende una sola ni tampoco algún otro artículo de barro”, dijo el señor Proa quien para caminar, tiene que emplear una andadera, y no le constituye un obstáculo para trabajar.
Sentado en el pórtico de su alfarería, viendo pasar el tiempo, comentó que tiene la bodega “repleta de mercancía porque se ha vendido poco”.
Contó que ahora, las casas son nomás de dos recámaras, un baño y una salita muy pequeña en donde no caben macetas.
“Si usted quiere meter una maceta en una vivienda pequeña, tiene que sacar el sillón, porque simplemente las macetas ya no caben en las casas de ahora”, dijo en tono nostálgico, quien recuerda que las casas de antes, “tenían patios grandes, zaguanes, pasillos, que eran llenados con macetas con plantas”.
Sobre la calle Del Carmen, ya sólo quedan tres alfarerías de casi 10 que llegaron a haber en los mejores tiempos y donde se realizaba la fabricación de piezas de barro como alcancías, floreros, platos, vasos de barro y las más demandadas fueron siempre las macetas.
En esta calle, sólo quedan recuerdos de tiempos en los que al llegar al lugar, el olor característico del barro y el barniz, predominaba en el lugar. Los comerciantes sacaban a las banquetas y calles sus productos y los compradores fluían constantemente, uno tras otro.
Sanjuana Proa, sobrina de José Luis Proa, es encargada de una de las tres alfarerías que hay en esa corta calle, de tan solo una cuadra.
Ella trabaja el yeso cerámico, un yeso especial de secado ultrarrápido, y llega a fabricar, en uno de los pocos días buenos que llega a haber, hasta 70 pequeñas figuras que comercializa directamente en la tienda.
“En realidad las alfarerías en Aguascalientes están por completo descuidadas del gobierno, a diferencia de otras partes como Michoacán o Oaxaca, en donde hasta para comprar modernos hornos los apoyaron, aquí no”.
“Sólo hemos recibido puras promesas de los candidatos y candidatas” pero ningún apoyo, afirma Sanjuana quien a pesar de la baja en la clientela, no se deja vencer por el desánimo y dice que todos los días vende, “aunque sea una cosa chiquita”, pero todos los días vende algo.
Durante la entrevista, ella no dejó de fabricar con sus propias manos, y ayudada por un molde de látex, un pedido de 100 alcancías de este material.
Además de que las casas ahora son pequeñas y las personas prefieren comprar macetas de plástico traídas de China, otro de los aspectos que ha debilitado esta actividad.
También mencionó como una causa de la pérdida de este oficio es que hubo un corte generacional en la fabricación de artículos de barro.
Para la segunda generación de alfareros, de las cuatro que van ahorita, resulta que todos los hijos de los barreros, “nos hicimos profesionistas; yo por ejemplo, soy trabajadora social, pero en esa generación salieron biólogos, médicos, abogados, arquitectos, pero todos finalmente ya no quisieron seguir con esta tradición, lo que debilitó significativamente esta actividad, que además ya venía a menos con el cambio de costumbres y estilos de vida.
“Mire, para que se dé una idea, en San Juan de los Lagos, allá hay una calle con el nombre de Maurilio Proa Dávalos, quien hace 110 años forjó la alfarería en Aguascalientes. En aquella época, los alfareros de Aguascalientes tenían mucho prestigio, pero dígame, aquí en nuestro estado ¿cuántas calles llevan el nombre de nuestro tatarabuelo? Ninguna”, dijo la artesana, quien no dejó de hacer alcancías de yeso cerámico.