La agresividad se detecta en niños menores a un año

Los niños comienzan a ser agresivos desde el primer año de edad y los pediatras están sorprendidos por sus actitudes desafiantes y comportamientos poco adecuados que son permitidos por los padres, sin considerar que esas actitudes afectarán su relación con la sociedad, provocando que sean antisociales y por ende finalmente se agrupen con personas en su misma condición, volviéndose agresivos a manera de defensa; subrayó la doctora María del Refugio Salinas Garduño.

“Estamos teniendo mucho problema en las escuelas con los niños agresivos, pero siempre tienen un factor decisivo en la familia, pues son niños que se les deja hacer lo que ellos quieren sin respetar ni a los mayores ni a sus iguales; si le grita al papá o le pega a la mamá, no lo detienen con tal de no apenarse más. Siempre se tienen que poner pautas, porque tarde o temprano en la escuela va a ser el niño que muerde, pellizca y golpea constantemente; son incapaces de adaptarse al medio social, van a tener conflictos personales porque la cultura cambia rápidamente”, señaló.

La pediatra indicó que en gran medida se debe a que los valores de respeto hacia los mayores se han perdido, y sobre todo entre pares, ya que antaño, se procuraba que el trato hacia los adultos fuera de acato, lo mismo que a los profesores y toda aquella figura que para los niños representa un ejemplo a seguir.

“Los niños tienden a reflejar la moral habitual, van por etapas, y se ha ido perdiendo el sentido en algunos lugares de procurar el respeto a los demás; es muy fácil que los papás critiquen a los maestros o a los familiares y se pierde dicho valor, pues los mismos niños están escuchando y aprendiendo estas conductas que serán repetidas. Cuando llegan los reportes de las escuelas porque los menores se están haciendo agresores del medio, los padres siempre van a encontrar una justificante ante esta conducta, esto es una percepción incorrecta del ambiente externo”, explicó.

Salinas Garduño detalló que la característica de estos niños, es que no comparten lo que les molesta, ni sus cosas íntimas; sus padres son sobreprotectores, y tienen ciertas gratificaciones, sobre todo cuando son hijos de parejas separadas, pues mientras uno de los progenitores sanciona cierta actitud, el otro lo consiente e incluso premia, de tal forma que se crea incluso resentimiento en el menor contra quien intenta recomponer su forma de ser.

“El niño va a encontrar compañeritos que lo rechacen, pero también quienes refuercen esta conducta, pues tienen el mismo comportamiento, empiezan a vandalizar y a fastidiar a aquellos niños que tienen características que les enfadan, como a aquel que es muy estudioso, o que triunfa en el deporte, pues tienen un resentimiento que vuelcan contra su víctima”, subrayó.