Jesús Eduardo Martín Jáuregui

 

¡Soldados, matadlos a todos, Dios sabrá reconocer a los suyos! Arnaldo Amalrico, legado papal, inquisidor, a las tropas en la Cruzada Albigense.

La nota me sobrecoge: 43 muertos en Tanhuato, Michoacán. 42 civiles y un policía federal. Los civiles según el informe del comisionado Nacional de Seguridad, presuntos integrantes del Cartel Jalisco Nueva Generación, el mismo que apenas hace unos días no pudo ser descabezado intentando la aprehensión de su líder “El Mencho” y que terminó con la muerte de varios militares, la pérdida de un helicóptero militar, y atascos provocados en varias ciudades de Jalisco y Guanajuato. La nota explica la respuesta violenta de las fuerzas federales que sufrieron una tentativa de emboscada, reaccionaron persiguiendo a los presuntos maleantes y experimentaron una “artera defensa” que tuvieron que repeler y que “gracias a su entrenamiento” sólo sufrieron una baja.

La nota me sobrecoge. Luego de Tlatlaya en donde la respuesta de las fuerzas federales parecía fortuitamente desproporcionada, respondiendo con crueldad a la violencia de un puñado de jóvenes. Luego de Ayotzinapa en donde la reacción criminal de grupos criminales presuntamente secundados por organizaciones paramilitares o militares, aún no lo sabemos, “borraron” literalmente la existencia de 43 normalistas aparentemente entrenados en la protesta contestataria, en “boteos” y “bloqueos”, y al parecer coludidos con grupos de narcotraficantes, aún no se sabe. Luego de que en Chilapa desaparecen 16 personas en circunstancias todavía no aclaradas, pero para las que afortunadamente la Procuraduría General de la República tiene solamente 11 líneas de investigación, de las que obviamente cuál es la buena, aún no se sabe. Mi capacidad de asombro parecía saturada, como cuando un mal olor satura de tal forma la pituitaria que se vuelve tolerable, y ¡no!. La nota me sobrecogió.

Las condolencias del Presidente de la República a los familiares y compañeros del policía federal muerto en la acción me conmovieron. Me pregunto si los 42 presuntos maleantes muertos tendrán familia, si habrá hijos que los esperarán inútilmente, si habrá padres que también morirán un poco o un mucho, si estarían al tanto de las presuntas actividades ilícitas de sus familiares muertos, si no tendrán derecho a que nos condolamos con ellos por la pérdida, si la muerte de un ser querido, por ser un criminal, no dejará honda huella en sus seres cercanos, si tendrán necesidades que ahora se agravarán, si un gesto de caridad se le niega a los familiares de un presunto criminal. Yo no lo se de cierto, lo sospecho, diría Jaime Sabines.

La versión, corrijo, la información del comisionado de Seguridad Nacional no es de ponerse en duda, pero… muchos la han puesto en duda. Yo, ingenuamente, realizo una simple operación aritmética, 42 muertos y 3 detenidos = 45; 36 armas largas decomisadas, 2 armas cortas, 1 fusil calibre 50 y un lanzagranadas = 40; el resultado me sobrecoge: ¡Al menos 5 de los presuntos delincuentes no se encontraban armados!. La información oficial no es de dudarse. Todos los 42, mas los 3, dieron positivo a la prueba de radizonato de sodio, conocida como “prueba de la parafina”. ¿¡Cómo explicarlo!?.

La evidente incapacidad e imprevisión con la que se desarrolló hace algunos días la tentativa de detención de “El Mencho”, contrasta con la rapidez con que ahora reaccionaron las fuerzas federales y la disposición de refuerzos, no sabemos cuántos, que sirvieron para contestar la “artera defensa” de los presuntos delincuentes. Sorprende también la celeridad con la que se ha dado a conocer la información sobre el lugar de los hechos, y su funcionamiento desde hace bastante tiempo como base de operaciones del Cartel Jalisco Nueva Generación.

Al término de la llamada Segunda Guerra Mundial, Simón Wisenthal fue un investigador y cazanazis judío, que tras haber estado prisionero en el campo de concentración de Mauthausen-Gusen durante la guerra, al término de la cual, dedicó la mayor parte de su vida a localizar e identificar criminales de guerra nazis, para llevarlos ante la “justicia” en el Tribunal de Nuremberg. El lema bajo el que condujo su actividad fue “justicia no venganza”. La guerra es el extremo rompimiento del orden y respeto entre las naciones. Al restablecerse la paz, el sometimiento a tribunales de las conductas criminales reivindica el Derecho roto durante las hostilidades. Y sí, crímenes de guerra, como Hiroshima y Nagasaki, crímenes de lesa humanidad permanecen impunes. Así es.

42 presuntos maleantes ya no podrán ser sometidos a un juicio legal. Se colocaron voluntariamente, se justifica, al margen de la ley y su muerte es la consecuencia necesaria e inevitable de su conducta antisocial. Se escucha, se lee, que es el final si no justo, sí lógico y socialmente aceptable para quien se ubica en una situación de criminalidad y desafía al orden legítimo. Si el criminal está fatalmente impelido a delinquir, la sociedad está fatalmente impelida a defenderse. Suena el eco de la doctrina positivista del Derecho Penal de Enrico Ferri: la sanción debe ser proporcional al estado peligroso (no debe corresponder a la gravedad objetiva de la infracción, sino a la peligrosidad del autor). La lógica del positivismo es irrebatible, solo que, parece que la vida, la vida humana, esta suma de sentimientos, sensaciones, creencias, esperanzas, ilusiones, éxitos, fracasos, amores, desamores, etcéteras y desetcéteras, es mas que un silogismo, mucho mas que una ecuación matemática y mucho mas que la respuesta represora del gobierno a las conductas sociales que, por otra parte, son sin duda, consecuencia de conductas erróneas y erráticas de la sociedad. El estado como comunidad que integra territorio, población gobierno debe responsabilizarse también de sus individuos con conductas antisociales.

La respuesta violenta, auque necesaria, como legítima defensa aprobada aún en el catecismo de la Iglesia Católica, frente a la agresión actual, violenta y sin derecho, deja sin embargo siempre un no se que de incertidumbre. La acción de las fuerzas federales para repeler la agresión de un grupo de presuntos maleantes en un lugar, que, ahora sabemos, estaba plenamente identificado como guarida de miembros de un “cartel” de delincuentes, que tiene una dimensión de poco mas de un kilómetro cuadrado, pequeño para sitiarlo, ubicado a pie de carretera, en una acción que dejó extrañamente, a sólo 3 sobrevivientes ilesos, deja un no se que de incertidumbre.

La acción del Poder Judicial, en este caso irremediablemente ausente, legitima la fuerza del Gobierno. Para eso fue pensado, para eso se prepara y para eso actúa. La naturaleza de la acción y de la reacción no dejaron espacios para que pudiera intervenir.

Mis condolencias no sólo para los familiares y compañeros del policía federal muerto, también para los familiares de los presuntos delincuentes muertos y, ¡Qué pena! también para nuestro pobre México.

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