La visita del Papa Francisco a Cuba y los E.U. ha sido muy motivante. He visto a un Papa todo él humildad pero enérgico en sus conceptos, que ha sembrado una semilla importante en las conciencias de la clase política estadounidense, que ojalá y germine como es el deseo de Francisco en beneficio de la humanidad. Un gran porcentaje de la población norteamericana se le entregó sin reserva y él les correspondió con una entrega total, lo cual demostró principalmente en los niños y en las personas discapacitadas. Hoy quiero comentarle sobre algunos aspectos de la vida de Jorge Mario Bergoglio, su niñez principalmente y su afición por el futbol, y el equipo de sus amores, el San Lorenzo de Almagro.

La campana sonaba fuerte en la Escuela Pública N° 8. Las puertas se abrieron violentamente y los estudiantes salieron disparados de los salones de clases, lanzándose escaleras abajo. Jorge se quitó la camisa de la escuela y trotó por las escaleras, revelando la camiseta de futbol que llevaba debajo. Sus amigos ya lo estaban esperando con las camisas en la mano y las camisetas puestas. Cuando Jorge se reunió con ellos, los tres cruzaron el edificio escolar rumbo a la puerta, y se dirigieron a la plaza. Ahí estaba la cancha en donde jugaban. No había nada extraordinario. No había líneas de cal en el campo, ni portería. Todo improvisado. El futbol no sólo era hermoso por la alegría de jugar, sino porque todos podían disfrutar de él. Sólo un trozo de terreno, un balón y algunos chicos con ganas de jugar un partido.

Había un grafiti en una de las paredes que decía: “Los Cuervos de Boedo”. Boedo era el nombre del barrio vecino a Flores, que era donde Jorge vivía. Los habían apodado Los Cuervos, porque el equipo de futbol de San Lorenzo de Almagro había nacido en el terreno de una iglesia, organizado por un cura llamado Lorenzo Massa. Y debido a que los curas siempre visten de negro, popularmente se les llama “los cuervos”. Oficialmente su nombre era Los santos o Los Ciclones, pero para los aficionados, los que realmente los amaban, para los seguidores acérrimos como era toda la familia Bergoglio, eran Los Cuervos. Los chicos de Flores y Boedo creían de todo corazón que el mejor equipo de futbol de Argentina era el Futbol Club San Lorenzo de Almagro.

Empezó el juego y un compañero gritó.

-¡Jorgito! ¡La pelota!

Jorge lo vio, dribló a un contrario, pateó la pelota lo más fuerte que pudo y miró cómo pasaba por encima de la cabeza del compañero que se la había pedido y atravesaba limpiamente la ventana de la casa que estaba detrás de él, destrozando los cristales. Todos los chicos de ambos equipos se quedaron helados de terror cuando los fragmentos de vidrio cayeron al suelo. En un instante, y todos al mismo tiempo, se fueron corriendo en distintas direcciones.

Todos menos Jorge.

El propietario de la casa salió sosteniendo la pelota cubierta de vidrios en la mano y miró hacia arriba y después hacia debajo de la calle. Después dirigió la mirada justo al frente donde estaba Jorge.

-Perdón, señor-dijo el chico-. Fui yo.

El hombre miró hacia atrás, a su ventana rota, y después de nuevo a Jorge.

-¿Fuiste tú?

-fui yo, señor –repitió el chico.

El propietario de la casa se quedó sorprendido por la respuesta.

-¿Y por qué no saliste corriendo como un conejo asustado, igual que lo hicieron los otros chicos?

-Si hubiera salido corriendo, usted nunca hubiera sabido quién lo hizo. Pero yo sí. Y esta semana ya me confesé una vez.

El hombre soltó una carcajada. ¡Un chico con conciencia!

-No te preocupes por esto –le dijo. Y le devolvió la pelota.

Por último le comento un dato muy curioso. El día en que Jorge Bergoglio fue elegido Papa, en Argentina se celebraba el sorteo de la lotería nacional. El número premiado fue el 8.235. Hubo quien comentó que era toda una coincidencia, teniendo en cuenta que el número de socio del San Lorenzo de Almagro del Papa Francisco era el 88235. Otros les recordaron lo que había dicho Albert Einstein: “Las coincidencias son la manera que tiene Dios de permanecer en el anonimato”.

El Papa de las causas contemporáneas.

La revolución cubana desapareció hace mucho tiempo. Se extinguió. Y lo que quedó fue una dictadura unifamiliar que también está llegando a su fin. Y el fin de la revolución cubana se marca con el restablecimiento de las relaciones con los E.U. Lo cual suena demasiado esquemático para ser así de simple. Hoy le comento algo sobre Cuba debido a la visita de Su Santidad, el Papa Francisco a la isla. Y recordaba la visita del papa Juan Pablo II a La Habana. La semana pasada estuvo Francisco en la isla y siempre la visita de un Papa a Cuba va a ser noticia.

Así mismo recuerdo la primer visita de Juan Pablo II a México, que fue realmente telúrica, por los antecedentes de separación de la Iglesia del Estado, que fueron bastante profundos y en algunos momentos violentos. En ningún otro país han tenido una guerra cristera, como la que hubo en México. Pero la llegada del Papa Juan Pablo II a Cuba, a fines del siglo pasado, tuvo otro componente por la herencia materialista histórica marxista dialéctica con que se había teñido el pensamiento de la revolución cubana. Si bien la población nunca abandonó sus creencias religiosas. Era algo verdaderamente increíble. En la plaza, un edificio tenía la silueta de la famosa fotografía de Alberto Korda, del Che Guevara, y del otro lado, en el otro edificio, enorme, gigantesco, monumental, cubriendo toda la fachada, el Sagrado Corazón de Jesús. Y abajo un altar. Y en la primera fila, escuchando la misa, Fidel y Raúl Castro. Raúl que era en ese momento, el hombre fuerte del gobierno interno de Cuba, y Fidel que acababa de leer un discurso frente al Papa, que fue un discurso prodigioso. Pero un discurso también que le recordaba al Papa cómo la iglesia católica siempre estuvo de lado de los esclavistas y los explotadores durante toda la colonización de América. Había cosas ahí un poco ásperas, pero Fidel fue firme en sus declaraciones y gentil en sus actitudes. Al Papa se le trató bien allá, y el elemento mayor fue cómo la televisión jugó un papel primordial en divulgar no solamente las actividades del Papa y sus homilías, sino también el pensamiento de los obispos cubanos. No recuerdo el nombre del obispo de Santa Clara que fue terriblemente crítico contra el gobierno cubano. Y el gobierno cubano abrió la señal, ahí fue cuando se dio una primera apertura de la información absoluta en Cuba. Absoluta con la televisión por delante. Y entonces alguien dijo: “Lo que acabamos de ver aquí, es que el último ladrillo del muro de Berlín se vino a caer en las aguas del Caribe, aquí se acabó, aquí se acabó la bipolaridad”. No pasaron demasiados años, y entonces ahora, el Papa sabemos todos que tuvo un papel importante en la negociación política para restablecer las relaciones entre E.U. y Cuba. Y también sabemos que hay una autoridad política del Papa, que se le reconoce en toda América Latina. Ya no es un Papa como era Juan Pablo II, un Papa del anticomunismo; éste, en todo caso sería, un Papa de las causas contemporáneas, de la tolerancia, de una actitud diferente ante ciertas cosas derivadas del dogmatismo eclesiástico, no del dogmatismo religioso. Es un hombre que representa buenas causas en América Latina. Realmente fue muy interesante su visita a Cuba y finalmente se cumplió lo que dijo el otro Papa: “Que Cuba se abra al mundo, para que el mundo se abra a Cuba”.

NI VERDAD, NI HISTÓRICA

En el tema de Ayotzinapa creo que el conflicto sobrepasó, desde hace mucho tiempo, al gobierno mexicano. Y lo sobrepasó por razones que el propio presidente de la república, en una entrevista reciente que ofreció, dijo que hubo una demora en la respuesta de la parte superior del gobierno frente al desmán de las partes intermedias y bajas del gobierno, quiero decir con esto del gobierno local, del estado de Guerrero y de los gobiernos municipales de Cocula e Iguala, y quizá hasta de Tixtla. ¿Cómo se confirma que el gobierno fue sobrepasado, rebasado? Pues se confirma con dos cosas: La primera cuando corrieron a Murillo. Murillo Karam ofreció con los elementos técnicos, de los que dispone la Procuraduría, una verdad “oficial”. Quizás cometió el error de llamarle “Verdad Histórica”, cuando la verdad no debería de tener ningún adjetivo. La verdad debería de ser simplemente eso. Pero, ¿cuando se confirmó que el Estado quedó detrás de los hechos?, pues cuando se amplió la estancia de los expertos de la OEA. Esos expertos se llaman “expertos independientes” pero dependen. ¿De quien dependen? Pues de quién los mandó llamar, los organizó, de quien les dijo vengan aquí para que después vayan a México y hagan ustedes, con la garantía de independencia, de autonomía, de certeza y de imparcialidad, lo que las autoridades mexicanas hicieron mal. Desde ahí ya hay un juicio en contra del gobierno de este país. Este señalamiento, algunos ya desde la semana pasada, se lo adjudicaban como obra propia, y políticamente interesada, a Emilio Álvarez Icaza, quien es un personaje importante en la evolución en México del concepto mismo de los derechos humanos.