Por J. Jesús López García

En el Aguascalientes de hace casi medio siglo, empezó a gestarse un crecimiento económico, demográfico, y por añadidura, urbanístico que aún en la actualidad es parte de nuestro propio tiempo.
Desde finales del siglo XIX se había ya dado el primer paso para establecer las pautas de expansión de la ciudad que por más de trescientos años obedeció a un crecimiento pausado, con base en la producción agropecuaria y el comercio. La industrialización detonó una dinámica totalmente diferente donde la metrópoli acusaba la necesidad de reciente infraestructura, nuevas modalidades de habitar el espacio ciudadano e inevitablemente el doméstico, y con ello, frescas maneras de hacer arquitectura.
Uno de los personajes que fueron a la vez testigos y actores principales en esta actual forma de enfocar la actividad del arquitecto y del ámbito urbano, que le es consustancial, es Jorge Carlos Parga Ramírez, oriundo de Aguascalientes y formado como arquitecto en la Universidad Nacional Autónoma de México, cuya práctica en el ámbito público, la academia y la iniciativa privada ha sido extensa y a la vez importante para dar orden y sentido al capítulo de la arquitectura y el urbanismo de fines del siglo XX e inicios del presente en el libro de nuestra común memoria.
La labor del arquitecto –hoy doctor en arquitectura– Carlos Parga ha involucrado la realización de edificios fácilmente reconocibles como es el Palacio de Justicia de Aguascalientes (1979), con sobrias líneas rectas de innegable filiación moderna; de ricos espacios internos que recrean un peristilo pero en clave contemporánea, o como la Unidad Deportiva IV Centenario (1979) realizada con motivo del cuarto centenario de la fundación de nuestra ciudad, en donde se ubica un auditorio de usos múltiples, cuyas líneas más atrevidas evocan algunos rasgos de tendencias como el metabolismo cuyos exponentes japoneses Kenzo Tange o Fumihiko Maki son los más conocidos.
El auditorio, en el caso acaliteño, se mezclan taludes de recubrimiento pétreo como claro guiño a las tradiciones pre hispanistas; el edificio así, une características foráneas con elementos propios de la región aguascalentense, en una composición para su tiempo muy novedosa, y para el actual, una referencia.
Además del auditorio, en el conjunto se proyectaron varios espacios interiores como exteriores: un gimnasio –parte formal y espacial del auditorio– canchas de squash, tenis y frontón; canchas de voleibol y de basquetbol y una pequeña fuente de sodas, todo rodeado por plazoletas y áreas ajardinadas.
Dada la condición de que la zona oriente es alta y cuenta con pendiente hacia el poniente de la mancha urbana, el conjunto se dispuso de tal manera que se conformaran plataformas, las que albergarían las diversas canchas. En la más alta de ellas y en la esquina conformada por el Primer Anillo de Circunvalación y Avenida Adolfo López Mateos, se diseñaron los accesos, tanto al auditorio de usos múltiples como a los demás espacios. La obra es, sin duda alguna, un icono de la excelsa arquitectura que se lleva a cabo en Aguascalientes por arquitectos locales.
Los años setenta y ochenta en Aguascalientes, fueron un periodo para consolidar la profesión arquitectónica como carrera de índole técnico, con arquitectos titulados, proceso iniciado ya desde tiempo atrás pero que no contó antes con el arraigo como licenciatura universitaria, situación que en 1974, se modificaría con la impartición de materias que le son inherentes a la arquitectura en la entonces naciente Universidad Autónoma de Aguascalientes, donde el arquitecto Parga se desempeñó como catedrático hasta hace pocos meses.
El tiempo en que él fundó su práctica profesional y académica fue un lapso de fuerte experimentación urbanística –el estado y la ciudad de Aguascalientes, comenzaron a vivir una dinámica industrializadora a partir del fin del siglo XIX–, agudizándose el fenómeno en las últimas tres décadas de la centuria pasada, circunstancia que impulsó a profesionales, a ocuparse en la planeación del asentamiento humano que es nuestra casa común.
Conveniente señalar que lo anterior no es un caso peculiar ya que los arquitectos incursionaron en el urbanismo desde tiempos remotos –tal como Hipodamo de Mileto en la Jonia helénica– haciéndose sin embargo, aún más fuerte a partir de 1920 por la fuerte carga política, técnica, social e ideológica que el fenómeno urbanístico contemporáneo debe articular con la complejidad de lo moderno y las formas actuales de asociación de una masa demográfica cada vez más heterogénea y numerosa.
Es interesante destacar que en la figura de personajes como el arquitecto Jorge Carlos Parga Ramírez, pudo concretarse en nuestra identidad ese rasgo moderno de los arquitectos contemporáneos: el involucramiento directo con la materia urbanística abordada como disciplina complementaria al quehacer arquitectónico. Como en todo proceso que va decantándose de acuerdo a la creciente complejidad de su materia, el urbanismo es ahora una asignatura aparte, que sin duda los profesionales como el arquitecto Parga Ramírez y el maestro Humberto Durán López, fijaron pautas para el establecimiento de una nueva profesión que en Aguascalientes ha tenido un papel destacado, así como en todo el país.