Noé García Gómez

A lo largo de la historia de la humanidad podemos enumerar grandes personajes, cientos de revolucionarios y vanguardistas que ofrecieron su vida por un ideal, que fueron conciencias de su pueblo y se entregaron incondicionalmente a una causa que creían justa.

Para muchos parece increíble que seres humanos sean capaces de dar su vida en defensa de sus semejantes. Sin duda entre estos personajes está Jesucristo, él no fue un personaje mitológico, realmente existió y vivió como predicó, fue un revolucionario pacífico y dio la vida por sus ideales y por los que él llamaba prójimo.

Parte del misticismo de Jesucristo, es que fue un ser humano, un individuo humilde y desprovisto de poder, nacido en Belén, enigmático en su adolescencia y que exigió de que se trabajara en el mundo por amor, como dice Carlos Fuentes “el Cielo de Jesús es la solidaridad con el prójimo, no un imperio celeste. El infierno de Jesús es la injusticia en la tierra, no un averno profundo en llamas.” Jesús es un ser admirado hoy en nuestros tiempos sin importar ideologías, pensamientos o religión; que gracias a la constancia de San Pablo de Tarso se difundió su pensamiento.

Cristo como muchos jóvenes revolucionarios -pues tenía 33 años- el status quo lo quiso desautorizar en sus dichos y finalmente reprimió “Entonces los pontífices y los Fariseos se juntaron en concilio, y decían: ¿Qué hacemos?  Porque este hombre da muchas señales. Y si lo dejamos que siga hablando, todos creerán en él, y vendrán los Romanos y nos echarán de nuestros templos y de la Nación también” (San Juan 11:47, 48). “Entonces los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, y los ancianos del pueblo se juntaron en el patio del pontífice, el cual se llamaba Caifás, y formaron un consejo para capturar mediante engaño a Jesús y asesinarlo” (San Mateo 26:3, 4). “Y con la llegada de la mañana, hicieron un nuevo consejo todos los príncipes de los  sacerdotes del templo, y los ancianos del pueblo, contra Jesús para entregarlo atado ante Poncio Pilato” (S. Mateo 27:1, 2)

Además de destacarse por su pluralidad ya que “En el grupo de los Doce había personas muy variadas, cada uno con sus propias opiniones y posicionamientos, que habían sido llamados a una tarea, la propia de Jesús, que trascendía su filiación política y condición social.” (Casciaro: 1973)

Muestra de su pensamiento social son las bienaventuranzas que Jesús dijo en el Sermón del Monte “Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación. Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros” (Mateo.5:3-12).

Como muchos luchadores sociales fue tentado por el poder Por ejemplo, cuando tenía unos 30 años y acababa de bautizarse, el Diablo le ofreció ser el gobernante de la humanidad. Más tarde, una muchedumbre quiso hacerlo rey. Y tiempo después quisieron convertirlo en un activista político. ¿Cómo reaccionó? El evangelista Juan escribió: “Sabiendo que estaban a punto de venir y prenderlo para hacerlo rey, se retiró otra vez a la montaña, él solo” (Juan 6:10-15).

En la llamada Semana Santa se recuerda los últimos días de Jesús, en medio del sufrimiento propio asumido para un bien mayor, golpeado, sangrando, cansado, humillado pero nunca claudicando por su ideal, por sus creencias, por su fe. Gran ejemplo para nuestras jóvenes generaciones. Pero creo que también tenemos que recordarlo con sus enseñanzas llenas de inteligencia, otorgando amor y felicidad al prójimo, Jesús como tantos otros Revolucionarios sigue vivo en la conciencia colectiva que inspira a las nuevas generaciones -sean católicos o no- y creo que así será por los siglos de los siglos.

 

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