Por: JUANPABLO MARTINEZ ZUNIGA 

Comprobado: lo único que le interesa a Tom Cruise es ver cuánto puede correr en una película.

No todos los personajes que brotan de la literatura están hechos para el cine. Y con ello, no me refiero a que sus características psicológicas sean muy densas para la pantalla grande o que sus motivaciones resulten inescrutables para que un guionista de Hollywood no pueda decodificarlas. Simplemente su concepción parte de lugares muy débiles en términos narrativos y la pobreza con que se les diseña no ameritan el considerable tiempo, dinero y esfuerzo que se requiere para verlo respirar y transpirar en una sala de cine. Verbigracia, la marchita creación del novelista Lee Child llamado Jack Reacher, un Mayor de las fuerzas armadas norteamericanas que decide claudicar a los 36 años para llevar una vida nómada recorriendo su nación ayudando a otros y resolviendo misterios cual serie de televisión ochentera, siempre asistido por su memoria fotográfica, una habilidad casi sobrehumana para la resolución matemática y un físico imponente que, al leer sus aventuras, uno tiende a imaginar a Dawyne “La Roca” Johnson como fuente de inspiración y no al menudito cincuentón que le ha tocado darle vida en cine. La poca seriedad y profundidad con que Child aborda a su personaje le ha permitido desarrollar sus andanzas como si fueran más un cómic que libros, estrenando un texto por año los últimos veinte (debutó en 1997), lo que ha diluido cualquier potencial que el personaje pudo tener para transformarlo en un superhéroe más que sólo busca treparse a los hombros más capaces y mejor escritos/filmados de Jason Bourne. Entonces, si la fuente es endeble: ¿Qué podemos esperar de una adaptación fílmica, donde el lenguaje es diferente y el sustento, teóricamente, es la exploración dramática y narrativa de lo que se plantea como argumento? Pues una película como “Jack Reacher: Sin regreso”, por supuesto, un proyecto con más tufo a producto que de cine, predecible en todos los departamentos y, curiosamente, empeñada en aniquilar las posibilidades de que la franquicia prosiga, pues reconfigura lo que apenas era una fórmula en gestación añadiendo ese componente que siempre termina por arruinar el disfrute de una película: una insoportable compañera adolescente metida con mucha fuerza.
Después de los acontecimientos de la primera parte, la secuela se enfoca favorablemente desde un inicio a generar su propia estructura, aludiendo vagamente tan sólo a algunos de los elementos básicos en la personalidad del protagonista (interpretado haraganamente por Tom Cruise) pero concentrando esfuerzos narrativos al construir una historia autocontenida sin relación a la anterior película. En este caso, tenemos a Reacher arribando a instalaciones militares estadounidenses para conocer a la mayor Susan Turner (Cobie Smulders), a quien nunca ha visto en persona pero que le guarda gran estima al dirigir a distancia con mucha eficiencia su unidad táctica cuando perteneció a la milicia. Al llegar, descubre que la Mayor ha sido arrestada por sospecha de espionaje, noticia que recibe con recelo. Por otro lado, otro oficial le hace saber que una mujer lo ha demandado por falta de manutención a su hija de quince años, llamada Samantha (DanikaYarosh), lo que sorprende visiblemente a Jack, negando tener conocimiento de su paternidad. Conforme la trama avanza, descubre que una siniestra organización pretende dañarlas a ambas, así que la misión será rescatarles y mantenerlas con vida hasta que resuelve el misterio y evade los letales ataques de El Cazador (Patrick Heusinger), quien tiene cuentas pendientes con Reacher.
Como escribí previamente, la fórmula para el desarrollo tanto de las historias como del personaje mismo apenas se encontraban en punto de gestación, pero al sumir a Jack Reacher con una familia postiza (mamá Mayor e hija latosa) sólo desbarata las aptitudes narrativas con las que se contaban para querer humanizar a quien apenas estamos aprendiendo a conocer, una movida que hubiera funcionado mejor para la cuarta o quinta película cuando la personalidad de Reacher se viera más fundamentada. Y aún así, pudo funcionar – Cobie Smulders se luce en su papel y su personaje amerita una película propia, pues no sólo es decidido, la actriz le dota de carisma y le come en varias ocasiones escenas e interés al mismo Cruise – pero todos los bemoles dramáticos son los que hemos visto ad nauseam en tantos otros filmes de similar factura, como las cansinas secuencias de persecución donde Tom Cruise parece querer gritar a viva voz que aún es joven al correr cual maratonista una, y otra y otra vez, un villano unidimensional al que sólo le falta retorcerse el bigote y caracterizaciones más apegadas a la historieta que al thriller de calidad. Y con todo, la cinta podría ser un espectáculo dominguero para saciar el ocio, pero el acabose es el insufrible personaje de Samantha, el cual existe sólo para sofocar la trama con sus acciones y actitudes pueriles haciendo todo lo que una millenial: textear en momentos inoportunos, desobedecer a modo de berrinche creyendo que eso es un rasgo de autonomía/rebeldía y enunciar sandeces varias, además de ser la rigurosa víctima del maloso (entra bostezo).
“Jack Reacher: Sin Regreso”, debido a las debilidades que superan por mucho a sus fortalezas, será precisamente eso: un viaje sin regreso para este personaje.

Correo: corte-yqueda@hotmail.com