Por: Jesús Alejandro Aizpuru Zacarías

 

El pasado fin de semana varios estados de la republica sufrieron un desabasto de combustibles, Aguascalientes no fue la excepción, creo que todos pudimos ser testigos del caos ocasionado por este suceso “apocalíptico”.

México se coloca como el sexto productor de crudo a nivel mundial, irónicamente hoy sufre desabasto de combustible en varias entidades del país, esto, no precisamente ocasionado por las caídas en la producción ni por las reducciones en los niveles de extracción, sino, como ya es costumbre para los mexicanos, por los altos grados de corrupción e inseguridad que se vive.

El alto grado de corrupción, aunado al robo de hidrocarburos, las tomas clandestinas y los retrasos en el abastecimiento, han provocado el desabasto, además de la evidente incompetencia de funcionarios de la paraestatal que por errores de logística en su sistema de distribución generaron una problemática aun mayor en estados como Coahuila, Nuevo León, Jalisco, Aguascalientes, San Luis Potosí, Nayarit, Colima, Chihuahua, y Zacatecas. Si agregamos a estos factores otros como las fallas en el sistema de facturación electrónica y la falta de mantenimiento de las refinerías, el único resultado que podemos obtener es el que vivimos todo el fin de semana y que el día de hoy nos continúa afectando.

Evidentemente la problemática de la paraestatal es muy grande y es un tema que ha venido arrastrando por décadas; los funcionarios y los aspectos tecnológicos no son los más óptimos (a pesar del gran presupuesto con el que cuenta), sin embargo, la forma en que las autoridades atendieron el asunto, políticamente hablando, fue de lo más torpe, por decirlo de alguna manera.

Primeramente, no es posible que a través de comunicados oficiales, con información incompleta sobre la situación, se genere un pánico, a tal grado que las gasolineras se abarrotaron con filas de más de seiscientos metros, acelerando, valga la redundancia, el desabasto; Segundo, las propias autoridades que ocasionaron ese pánico, piden a la población “mantener la calma y no llevar a cabo compras de pánico” seguramente de haberse informado de forma veraz y oportuna, además de haber tomado las medidas necesarias, el caos sufrido el fin de semana jamás hubiera sucedido, personas que semanalmente consumen entre doscientos y trescientos pesos en combustibles llenaron sus tanques e inclusive tambos, lo que lógicamente ocasionó que varias estaciones de servicio cerraran porque habían acabado con todas sus reservas.

Creo que las autoridades de la paraestatal deben tomar este asunto con la seriedad que amerita. El desabasto de combustibles afecta de manera directa todos los sectores de la economía, es por ello, que los sistemas de producción, logística – distribución, y facturación deben de ser confiables para así evitar problemas de esta índole, por otro lado, las autoridades involucradas en la verificación e inspección de los expendedores de los combustibles deben estar atentas a las practicas por parte de los concesionarios, puesto que muchos de ellos aprovechan la situación con el fin de lucrar un poco más a costa de la necesidad de la población.

Como es costumbre, agradezco el favor de su lectura y los espero una vez más, la próxima semana.