Evlyn Cervantes 
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO 17-Ago .- Los asentamientos irregulares continúan avanzando al interior de la Reserva de la Biósfera Montes Azules y actualmente 70 familias tienen acaparado el núcleo de esa Área Natural Protegida (ANP) ubicada en Chiapas.

Al participar en una mesa de trabajo en el Senado, Ricardo Frías, coordinador de organizaciones ambientales no gubernamentales en Chiapas, urgió a frenar la presencia de grupos invasores tras advertir que están acelerando el cambio de uso de suelo al interior de esa ANP considerada la reserva forestal y biodiversa más importante del País.

“La presencia de grupos se sigue manejando hacia el centro de la reserva, este mapa se generó en el 2002 con todos los grupos irregulares que teníamos en su momento y en ese entonces teníamos 43 grupos en la zona Lacandona que estaban afectando 36 mil 545 hectáreas por mil 634 familias, además había 33 grupos dentro de Montes Azules, con mil 126 familias que tenían representatividad en cuatro municipios”, expuso.

De acuerdo con Frías, la problemática de asentamientos irregulares más importante se ubica en el centro de la reserva, en los márgenes del río Negro y en la parte norte donde existe la amenaza de mayor invasión.

“Actualmente 70 familias tienen bajo su posesión el centro de la Reserva más importante del País, 70 familias que quieren ser ganaderas y entonces tumban la selva para meter vacas, además tenemos una amenaza al norte de la reserva donde tenemos 150 familias que se quieren meter”, añadió.

Alertó que el municipio de Ocosingo, Chiapas, impulsa un proyecto carretero que, de construirse, agudizaría el problema de invasiones al interior de Montes Azules y favorecerá el tránsito de vehículos.

Aunado a la problemática de asentamientos irregulares, explicó, la reserva también se ve impactada por la cacería furtiva, la tala ilegal, la deforestación y el cambio de uso de suelo.

La mesa de trabajo fue encabezada por el senador Luis Armando Melgar Bravo, presidente de la Comisión Especial de Productividad, quien solicitó a la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu) no regularizar ningún metro cuadrado ni tampoco indemnizar a los invasores irregulares con el fin de evitar alentar el establecimiento de más asentamientos.

Por su parte, personal de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) informó que, ante la problemática que persiste en Montes Azules, ya se han presentado seis denuncias ante la Procuraduría General de la República (PGR) y cuatro ante la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa).
Claman ayuda contra devastación.

Frente a las autoridades del Gobierno federal reunidas en el Senado, Pablo Chankin Najbor, un indígena maya perteneciente al grupo de los lacandones, advirtió que la selva está en peligro de extinción y es necesario defenderla ya.

“Estoy aquí para decirles a las instituciones de Gobierno que nos ayuden a conservar la Selva Lacandona. Cada una de las instituciones de Gobierno deben sumarse, basta de las corrupciones que hay dentro de las autoridades competentes. Hemos visto la tala, el saqueo de la flora y fauna, basta que veamos que cada año hay incendios forestales”, dijo.

Desde que nació, hace 45 años, Pablo vive internado al interior de la Reserva de la Biósfera Montes Azules, en la zona de amortiguamiento de esa ANP, pero en los últimos años, aseguró, ha sido testigo de la expansión de asentamientos irregulares que cada vez se aproximan a la zona núcleo.

La expansión de los asentamientos irregulares, dijo, ha provocado un mayor número de incendios forestales producto de quemas agrícolas y una creciente deforestación.

El también presidente del Santuario Cocodrilos Tres Lagunas contó que en la reserva también persiste la tala clandestina y la cacería furtiva ante la ausencia de autoridades que vigilen la selva.

“Todos los talamontes viven alrededor de la reserva, entran de día y de noche, usan motosierra y luego en las noches cargan y cargan. Ya cuando caminas por allí vez que todo está talado. Ellos están saqueando la selva una o dos veces a la semana y también entran cazadores armados y no tenemos apoyo de Profepa para tener vigilancia “, agregó.

Pablo acudió a la mesa de trabajo acompañado de su hijo Adrián Chenkin, de 17 años y quien lamentó tener que encontrar cotidianamente picos de tucán, su ave favorita, los cuales son abandonados por los cazadores furtivos.