Por: Jesús Alejandro Aizpuru Zacarías

El pasado lunes se suscitó un incidente en el que estuvieron involucrados Christian Martinoli, Luis García, Miguel Herrera, y la hija de éste último. La historia que tuvo un desenlace violento por parte del seleccionador mexicano tiene su origen en las críticas que el comentarista hacía sobre los malos resultados obtenidos por la escuadra tricolor al mando de Miguel Herrera.
Intercambio de descalificaciones que poco a poco fueron subiendo de tono hasta llegar a los insultos con palabras soeces fueron el preámbulo de lo sucedido en el aeropuerto de Filadelfia. Las agresiones verbales siempre preceden a las físicas, resulta lamentable que cuando existe disidencia, no se privilegie el diálogo y se recurra a la violencia para dirimir esas controversias.
La libertad de expresión es un derecho humano que debe respetarse por todos. Cuando se es una figura pública (como es el caso de Miguel Herrera) se debe ser consciente que habrá personas que coinciden con nuestra forma de hacer las cosas, y habrá otras que difieran e incluso que de forma crítica cuestionen nuestro actuar, sin embargo, estas disidencias nunca deben ser reprimidas mediante la violencia, mucho menos si tu papel dentro de la selección mexicana es dirigir a un grupo de jóvenes, sería por el contrario deseable un discurso que llamara a la conciliación y a la tolerancia, que fuera respetuoso de las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando éstas fueran diferentes o contrarias a las propias.
Habrá a quienes les guste el estilo de Martinoli como periodista, habrá a quienes no, de igual forma habrá quienes coincidan con su visión acerca del trabajo de Herrera al frente de la selección, y habrá a quienes no; sin embargo, en lo que debemos coincidir es en condenar todo acto de violencia que atente contra la libertad de expresión, y en este caso, Miguel Herrera actuó de una forma deplorable; como Director Técnico de una selección que representa a un país, le correspondería tener como manifestación verbal la consideración y el respeto, pero en el ámbito de la realidad encontramos que la intolerancia parece dominar el discurso de buena parte de los actores sociales.
Antecesores de Herrera al frente de la selección jamás protagonizaron actos de violencia física en contra de sus críticos. Creo que los encargados de tomar las decisiones en la Federación Mexicana de Futbol hicieron bien en cesar a Miguel Herrera, la decisión dio muestra que ellos no son cómplices de estos deleznables actos que atentan a todas luces contra la libertad de expresión y que dejan en vergüenza no solo a la selección mexicana, sino a un país.
Herrera actuó mal, y por eso, debe irse, la Federación hizo lo correcto y dejó de manifiesto que aquellos que tengan la encomienda de dirigir a un equipo que representa a un país, deben comportarse a la altura y respetar a todos sin importar si son críticos de su trabajo o si son aliados.
Como es costumbre, agradezco el favor de su lectura y los espero una vez más, la próxima semana.