Por Alejandro Hernández R. 

Fotos: Enrique de Santiago S.

Ahora falló el encierro de Montecristo, que aunque bien presentado, dejó mucho que desear, ante la ausencia de bravura y calidad de sus toros, prevaleciendo la poca fuerza y sosería, salvo el tercero de lo ordinario de la lidia, careciendo de malas ideas y raza, sin que el otorgamiento de apéndices refleje, para nada, el juego de los toros, aun y cuando Arturo Saldívar se llevara en la espuerta tres orejas y Octavio García “El Payo” una. Se lidiaron para rejones, uno de Bernaldo de Quirós de poco juego y otro de El Junco como regalo.

La verdad es que los toreros y el rejoneador, se vieron muy por encima del ganado, prevaleciendo las meritorias labores llevadas a cabo, primero, por el rejoneador Emiliano Gamero (silencio y vuelta por su cuenta), que incluso regaló un sobrero de El Junco, Alejandro Talavante, regiamente vestido de visón (¿) y oro (silencio en ambos), Octavio García “El Payo”, de canela y bordados áureos (oreja y silencio), y Arturo Saldívar de azul turquesa y oro (oreja con división y dos orejas, saliendo a hombros).

Para el público que asistió en buen número a los tendidos de la Monumental, en este festejo, tercero del Serial, llegando a los dos tercios la entrada, en una tarde donde el sol se negó atestiguar la mansedumbre del ganado, enviando en su representación al Dios Eolo, que por momentos se entrometió en casi todos los toros, molestando a los toreros.

Actuó por delante y atendiendo el reglamento, el rejoneador capitalino Emiliano Gamero, con el toro de Bernaldo de Quirós, manso, sin codicia, buscando refrendar el triunfo del año pasado, utilizando diferentes caballos, estando en los primeros tercios obligando mucho, y dejándose llegar al estribo y grupa, muy cerca los pitones, templadamente, desde el único rejón de castigo, hasta el momento de clavar la banderilla, siendo aplaudido, pero cuando montó a Sabor a Mí, este jamelgo se contagió de la falta de raza del toro, rajándose propiamente desde el momento mismo, en que citaba de frente, rehusándose a ir al toro. Mucho le aplaudió la gente cuando clavó en lo alto, arrancando de tablas a los medios, festejándole el respetable cuando dejó la banderilla en la suerte del violín. Brindó al empresario Antonio Barrera su actuación, esta faena de poco calado, fallando con el rejón de muerte, teniendo que echar pie a tierra, para rematar al quinto golpe con la de cruceta. Silencio.

Obsequió un toro de El Junco, de mejor condición, con algo de codicia, teniendo una actuación de menos a más, con mayor reunión, en una actuación más reunida y variada, rodando y templando mucho a la res, sobresaliendo un giro en los mismos pitones, muy emocionante, que le fue muy festejado. Por desgracia dejó el rejón de muerte casi a medio lomo, surgiendo las protestas de los asistentes, y de paso perdiendo, quizá, una oreja merecida.

Alejandro Talavante se llevó el peor lote de la tarde, estando en ambos empeñoso en su intento por triunfar, estando muy por encima de las condiciones de sus dos enemigos. Con el primero lo saludó con bellas cordobinas en tablas, mientras con la muleta, se dejó ver en algunos pases sueltos, cuando el manso, venía de las afueras a tablas. Se mostró empeñoso y con deseos, y con su segundo, otro manso, probón y débil, que duró un suspiro, sólo le pudo extraer un par de tandas por la derecha y en los adentros, y fue todo. Fue silenciado en ambos.

El queretano Octavio García ha estado muy dispuesto toda la tarde, con una gran actitud, como lo demostró desde el inicio de su primera faena, en sus pases por alto, en los terrenos de adentro, ligando con dos buenas series de pases con la mano derecha, estando muy firme, y llevando bien toreado al toro, siendo aclamado de inmediato. Se fue al tercio, para ser aclamado por su toreo a manos bajas por el pitón derecho, el mejor lado, en series muy ligadas y mejor rematadas con pases de pecho de pitón a rabo, y adornos de buen gusto, luciendo enormidades el rubio torero. La mácula de la faena fue la estocada caída y delantera, con el consiguiente disgusto de la asistencia. Sin embargo, surgió la petición y se le concedió una oreja.

Artísticas y rítmicas, acariciando y templando, fue la serie de verónicas ejecutadas con primor, estando en los tercios, que remató doblemente, primero con una media de cartel, ligado con otra de pintura. Ovación al canto. Por desgracia, la fuerza y falta de casta del de Montecristo, duraron muy poco, estrellándose los deseos del torero, que sin más opción, montó la espada, señalando dos punzaduras, retirándose en absoluto silencio.

Quien también ha estado con buena disposición y actitud, fue el jalisciense Arturo Saldívar, que saludó a su primero, con dos largas de rodillas y una rodolfina, pegado a tablas, siendo aplaudido. Al tercio mortal llegó el toro, brindando pocas libertades, pegando frenazos, sin que se amilanara Arturo, pegándose un arrimón de miedo, buscando pronto las cercanías, estando situado afuera de los tercios, colocándose a la mínima distancia, rozando muchas veces el bordado del vestido, sin que se inmutara el coleta, que dispuesto a todo, se jugó la epidermis, en un ambiente con olor a cloroformo, extrayendo derechazos con mucho mérito, por su quietud y arrojo, dejando estupefacto al público. Se tiró a matar cobrando una entera muy caída y de rápidos efectos, para llevarse una oreja.

Pero si con su primero había estado muy dispuesto, con su segundo refrendó lo realizado en el otro, haciéndose aplaudir en los pases por alto, ligados con esos cambios por la espalda tan de moda. Lástima que el gas del burel durara un suspiro, mas no la actitud y deseos de Arturo, intentando correr la diestra, a un animal sin clase, que salía de cada pase mirando muy por encima del palillo, acabando por rajarse. Mas no el torero, que imponiéndose a la adversidad, tiró pa’delante, pisando terrenos muy comprometidos, estando cerrado a tablas. Discurrió sacar al toro a los medios, y el panorama, normal, era que volvería la res por sus huellas a buscar su querencia, tablas. Total dándole los maderos consiguió los momentos efectivistas más festejados por las alturas. Y como le tocaran “la de aquí” aumentó la algarabía pachanguera, coreándose lo bueno, lo regular y hasta lo malo, en un clima netamente triunfalista. Y como dejara una estocada entera, saliendo muerto de la muleta el de Montecristo, se alborotó la gallera, exigiendo las dos orejas, que fueron concedidas, mientras los feriantes, eufóricamente vitoreaban el grito de torero-torero, prodigando, vergonzosamente una nutrida ración de aplausos al cadáver del manso perdido en el arrastre.

Para hoy, tenemos dos festejos, una novillada matutina en el coso San Marcos, donde se lidiaran 8 novillos de Marco Garfias para Diego Emilio, Leo Valadez, Andy Yunes y Adrés Manrique, por la tarde la cuarta corrida con la despedida de Eulalio López “Zotoluco”, el sevillano Morante de la Puebla y Diego Silveti.