Paloma Villanueva
Agencia Reforma

¿Qué harías si sólo tuvieras una mano y quisieras cortarte las uñas? Ésta clase de preguntas se hace Isabel Garay, presidenta de la asociación civil Asistencia Tecnológica Integral (ATI).
La psicóloga se dedica a inventar adaptaciones para que las personas con discapacidad puedan lavarse los dientes, comer o vestirse sin depender de alguien más.
“Uno de nuestros primeros casos fue el de un hombre con diabetes que tenía amputadas las piernas y una mano, y lo que me dijo fue: ‘No quiero que me limpien la cola’.
“Lo que hicimos fue sujetar al excusado una especie de regadera que era irrigada por la llave del lavabo, de modo que él podía templar el agua y utilizarlo como si fuera un bidet (…) previo a eso se le enseñó a subir y bajar solo de la silla”, describe.
Paola Torres, licenciada en educación especial y colaboradora de ATI, destaca que una vez resueltos los problemas de la vida cotidiana, se busca, por ejemplo, facilitar el manejo de la computadora, porque esto representa una posibilidad de trabajar desde casa.
“Hay personas que no pueden realizar movimientos finos como para dar click con el mouse, entonces diseñamos un switch o interruptor de contacto, que es una caja que se conecta con un cable al mouse.
“La persona puede pegar en la caja con la mano, con la cabeza o con la pierna, y con eso dar los clicks”, detalla.
ATI ha brindado asesoría y desarrollado adaptaciones para más de 400 personas con discapacidad y ha capacitado a más de 12 mil maestros de educación regular para que sepan, por ejemplo, cómo adaptar herramientas como lápices en caso de tener en clase a un alumno con discapacidad motriz.