Noé García Gómez

Estamos en el Cuarto Informe de Gobierno de Enrique Peña Nieto como presidente de nuestro País, tiempo en el cual llega con el índice más bajo de aprobación que un mandatario ha tenido, solo el 23% de los ciudadanos aprueba su gestión producto del constante desgaste, de las malas decisiones, los gasolinazos, los escándalos de la Casa Blanca y el departamento en Miami, la soberbia e incompetencia de sus secretarios (ejemplos: la mala aplicación de la reforma educativa, la represión en Nochixtlan Oaxaca) entre muchas otras acciones que han generado la percepción de que este gobierno no solo es incompetente, sino que su soberbia lo tiene embriagado para mantener un rumbo que está llevando al precipicio muchos aspectos del país y enconchado en una zona de confort con sus incondicionales; vemos manifestaciones de los médicos, los maestros, la iglesia, los empresarios, los comuneros, las minorías sexuales, todos en contra de las decisiones que toma el responsable del gobierno federal.
Ante ese panorama los asesores del presidente (imagino que concienzudamente) propusieron un nuevo formato del informe para ellos “novedoso” y “acorde a los tiempos”, ya no dará una síntesis del estado en que se encuentra la nación a sus cuates. Pues en todo su sexenio el formato era, entregar un legajo de cajas al Congreso de la Unión y leer unas cuartillas a una lista de invitados y allegados que le aplaudían donde decía el script que tenían que aplaudir.
Este año será en un foro con jóvenes, no pareciera que tenga algo de malo, pero ¿Por qué de esa forma? ¿Tocará el turno a los ancianos, deportistas, indígenas etcétera? Como escribió el irónico personaje Gil Gamés en Milenio cuando “uno para bebés… con los bebés puede ser un poco más complicado, pero se llena de cuneros, debidamente alimentados para aminorar llantos. Una vez dispuestos, el Presidente dice con voz republicana: Bebés mexicanos y mexicanas: el precio del petróleo se derrumbó, pero no se preocupen estamos preparados para los estragos de la crisis global.” Así de simplón será esta ocurrencia, pero eso sí, transmitido en vivo por internet, ¡wooow!
Otro aspecto es el aderezo de los spots en radio, televisión, prensa e internet, donde algunos “beneficiarios” hablan de las bondades y como fueron de manera individual favorecidos, por los logros del gobierno de Enrique Peña Nieto, no he visto el spot de Videgaray hablando de su beneficiosa casa en Malinalco, ni Angélica Rivera de su departamento en Miami.
También mencionemos que en la historia política de nuestro país, no se destaca como una república donde el Presidente defienda sus puntos ante el Congreso. El formato del informe siempre ha sido presidencialista y personalísimo, esto se enfatizó en el sexto informe de Vicente Fox y en el sexenio de Felipe Calderón; antes de estas dos etapas el día del informe era ¨el día del presidente¨; donde al titular del ejecutivo le generaban todas las circunstancias para tener la atención del país, esto era; desde los reportes de noticieros por la mañana desde su casa, notas y reportajes de su vida y gestión política, después se daba cobertura –de los principales canales y radios- desde la salida de su casa, su recorrido y hasta la llegada al recinto legislativo; ya ahí lo recibía una comisión de legisladores bien portados, recorría los palacios donde armoniosamente se acercaban al “besa manos” –perdón- a saludarlo, los presentes le aplaudían al subir a tribuna; en tribuna leía su informe, previamente practicado y ensayado, en el hacía pausas que indicaban el momento de aplaudir; en la etapa de la respuesta, solía hacerlo un legislador designado por la cámara de diputados pero que en realidad era elegido por el mandatario; al final la algarabía de los invitados y legisladores leales se traducía en aplausos de pie con sonrisas y miradas esperando que los viera. Para terminar se realizaban programas posteriores dedicados al informe donde los invitados analizaban curiosidades y trataban de desentramar mensajes del presidente, los noticieros eran dedicados un 90% de sus noticias al informe, etcétera.
Todo lo anterior muy alejado de formatos de un sistema más parlamentario, de pesos y contrapesos, democrático y como muestra España o Inglaterra donde son ejemplos envidiables del debate entre los poderes, no solo van cada año a informar del estado que guarda su nación, sino van cada que es necesario discutir un tema importante, defenderlo y debatirlo y asumir con convicción la decisión de las cámaras aunque no le favorezcan pues son una parte representativa del pueblo que gobiernan.
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