Josemaría León Lara

La gesta por la búsqueda de la independencia nacional comenzó en la madrugada del dieciséis de septiembre de 1810 a las afueras de la parroquia de Nuestra Señora de los Dolores en Dolores, Guanajuato, cuando el cura Hidalgo hizo un llamado a la insurrección en contra del gobierno virreinal de la Nueva España; desde ese entonces en México hemos conmemorado dicha fecha, misma que simboliza la búsqueda de nuestra libertad.

Resulta curioso el que celebremos el inicio de un movimiento armando y no la consumación del mismo, que es en realidad cuando verdaderamente se obtuvo la tan esperada independencia. Si fuéramos estrictamente apegados a los hechos históricos, deberíamos celebrar nuestra emancipación de España el día 27 de septiembre. Sin embargo existe una razón de peso para hacerlo el día 16 y no el 27, la cual le debemos al Siervo de la Nación al instaurar lo que se convertiría en una tradición, al plasmarlo en “Los Sentimientos de la Nación”.

“Que igualmente se solemnice él día 16 de septiembre todos los años, como él día aniversario en que se levantó la voz de la independencia y nuestra santa libertad comenzó, pues en ese día fue en el que se abrieron los labios de la Nación para reclamar sus derechos y empuño la espada para ser oída, recordando siempre él mérito del grande Héroe él señor Dn. Miguel Hidalgo y su compañero Dn. Ignacio Allende”. (Sentimientos de la Nación, Artículo 23°, 1813).

A su vez también nos encontramos con otra fecha errónea, que nos hace preguntarnos por qué se acostumbra que los titulares del poder ejecutivo en el país en sus tres niveles den el famoso “grito de independencia” desde el día 15 por la noche. La respuesta es muy simple, quien nos habría de gobernar por casi 30 años cumplía años el día anterior al del cumpleaños de la nación; es por ello que Don Porfirio decidió conmemorar la independencia al mismo tiempo que su onomástico, para que de este modo la fiesta nacional fuera de dos días.

Es entonces que el día más importante para el orgullo patriótico mexicano, se celebra de manera doblemente incorrecta por la inexactitud de la fecha. Ahora bien, siendo objetivos es realmente intrascendente el error en la fecha puesto que el significado de la fiesta es mucho más importante que seguir un purismo histórico. Este día cierto es que nos sirve para conmemorar, pero también sirve para recordar y recapacitar el significado innegable de lo que es nuestra nación y lo que somos los mexicanos.

Más allá de las intenciones por las cuales los conspiradores de Querétaro se reunieran en la casa del Corregidor Domínguez, o el espíritu legislativo del Congreso de Apatzingán, la búsqueda por la justicia y la libertad se encontraban escritas en el corazón de cada uno de los habitantes de la Colonia; una cosa es que lo que diera origen al movimiento y otra muy distinta los deseos en el corazón del hombre; la desigualdad, la injusticia, la esclavitud, la separación clara y abusiva entre castas, la falta de oportunidades, la corrupción del gobierno virreinal, el monopolio de la riqueza entre los peninsulares, fueron algunas de las muchas causas que encendieron la mecha de la insurrección.

Doscientos seis años más tarde, parece que el pueblo mexicano sigue buscando las mismas cosas. Esta vez no es en contra de un monarca extranjero, si no en contra de nosotros mismos, dónde la diferencia se acota pero a la vez se ensancha al no reconocernos como iguales, como mexicanos, a pesar que la sangre mestiza corre por nuestras venas.

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