Por J. Jesús López García 

Aparecida hace miles de años en el cruce de caminos –a manera del álbum recopilatorio Crossroads (1988) de Eric Clapton– o como desarrollo gradual a partir de un asentamiento previo cercano a extensiones de agua y/o yacimientos destinados a una explotación productiva, la ciudad es un hábitat humano en el que concentra la mayor cantidad de sujetos de nuestra especie, algo inédito en la historia del hombre.

De esta manera, las vías de comunicación, abasto y las zonas de explotación productiva, son fuertes detonantes para la habitabilidad urbana y su transformación posterior y continua, así como en el desarrollo hacia un futuro mejor, o al contrario, en el aumento del riesgo de provocar un entorno más degradado.

Sin embargo, la arquitectura igualmente ha procedido como un motor de crecimiento, las pirámides del Valle de los Reyes en la margen del río Nilo, tenían una considerable distancia a los conjuntos civiles, tal el caso de la ciudad Akhetaton que tenía tres zonas, incluido <<el barrio de los artesanos>>.

Los monumentos funerarios egipcios diferían con respecto a los centros de peregrinación como las catedrales cristianas, depositarias de los restos de algún santo o una imagen venerada, no obstante en su fábrica intervenían tantas personas que se fueron congregando en centros urbanos dedicados a esa tarea –suponemos– a lo que advertimos en los talleres de lapidaria próximos a los cementerios actuales, o ciertos giros comerciales de acuerdo a la cercanía de un edificio que soporte cualesquier tipo de negocio, tal es el caso de la industria referente a eventos sociales que ha venido consolidándose en la calle Zaragoza, en los tramos que anteceden al templo de San Antonio –desde la avenida Madero–, uno de los lugares en la ciudad más acreditados para celebrar bodas, en Aguascalientes.

De esta manera, edificios que sirven a diversas funciones –templos, mercados, oficinas, y espacios deportivos, entre otros– poseen en muchas ocasiones una capacidad importante para convocar a la comunidad, y de ello parte su potencial como detonantes de actividades subsidiarias, que en su conjunto tienen la fuerza suficiente para incidir gradualmente, o bien de manera inmediata, en la transformación de una ciudad.

Zonas de poca afluencia en la urbe al erigirse un inmueble con las características enunciadas, o al presentarse un cambio positivo en el aprecio de edificios preexistentes, parecen recibir vida nueva, lo que induce a operar cambios físicos en la constitución urbanística del sitio.

En nuestra ciudad, al suroeste de la Plaza de la Patria y en un terreno favorecido, encontramos en la actualidad el denominado <<Patio de las Jacarandas>>, solar que evoca nostalgia y trae a la memoria al añejo <<Portal de Jesús>> que al demolerse éste, se levantarían algunas fincas llegando a identificar, desde los años cuarenta del siglo XX, al moderno Servicio Medrano, que al trasladarse fuera del centro –hoy Motel Medrano–, el edificio albergó a los Ómnibus de México, y por último, ya modificado en su composición, dependencias gubernamentales también.

Ahora el conjunto presenta el desafío de continuar con la utilización  pública y abierta del espacio de la plaza, pero de una manera más lúdica, sin la representación cívica protocolaria que aporta, por ejemplo, el asta bandera y la frontalidad del Palacio de Gobierno.

El bloque es una delimitación espacial de un ámbito despejado dentro de otro recinto libre más extenso, diferenciándose con ello del resto de los edificios cerrados circundantes, manteniendo con sus columnas, cubierta y marcos en forma de zigzag el alineamiento del lugar. Al espacio abierto –el atrio– delimitado de manera vertical por la balaustrada de la contigua Catedral, el patio igualmente libre, replica con una delimitación horizontal de cubierta, propiciándose con ello, una permanencia más prolongada en el sitio, ya que la protección contra los rayos del sol se ha vuelto imperante en nuestra ciudad aquicalidense, complementándose la función de esparcimiento del entorno libre en que se inscribe, pues ahora se cuenta con una atmósfera para la recreación franca al abrigo de la sombra.

Un elemento dispuesto a lo largo del <<corredor>> oriente del conjunto, es una fuente y espejo de agua a manera de impluvio –toda proporción guardada– que como éste, regula el desmesurado calor de los tiempos que corren.

De esta manera, sin ambages podemos mencionar que <<El Patio de las Jacarandas>> es una intervención sobre el espacio urbano que tiene el potencial de continuar transformándolo con base en las modalidades de su uso; hoy, la ocupación de los habitantes citadinos ha sido constante y no parece disminuir.

Se ha variado de manera física un ámbito, sin embargo, las transformaciones en su uso y en su representación frente a la comunidad, continuarán operándose en el sitio de formas que podemos adivinar parcialmente, pero ante la heterogeneidad de la vida moderna, el asombro puede aparecer a lo largo del tiempo. Anhelamos esas sorpresas sean positivas, beneficiándose la comunidad de los cambios, ya que la propuesta arquitectónica ha provocado una sana apropiación pública del solar antes delimitado por muros en todos sus paramentos. ¡El transcurrir del tiempo emitirá su juicio!