Silvia Guerra

A lo largo de algunos de los artículos que he escrito, les he comentado la importancia de tener congruencia entre apariencia, comportamiento y  comunicación para tener credibilidad, ¿recuerdan? Les refiero esto nuevamente, porque este pasado fin de semana, en una reunión, salió justo este mismo tema y una persona decía que nada tenía de relación la manera de vestir de una persona, con lo que opinara de la vida o la ideología que tuviese. Extrañamente, el tema hizo eco en varios y comenzó una sana discusión al respecto.

Comentábamos con esta persona lo siguiente… Imagínate a Hitler, con esa mentalidad de grandeza y superioridad, la fuerza propagandística de Goebbels tras él, su firme idea de la supremacía aria, su afán por conquistar al mundo, los campos de concentración, su fuerza como estratega… ¿Ya lo imaginaste? Bueno, pues ahora imagínate que en lugar de vestir, actuar y hablar como lo hacía, se vistiera de shorts y pata de gallo, anduviera sin peinar y su voz fuera cantarina; ¿En tiempo y forma, habría tenido el mismo arrastre, la misma credibilidad y la misma fuerza con el pueblo alemán? Lo que me encantó y favoreció más a la discusión, fue que casi todos al unísono dijeron: ¡¡¡Nooooo!!!, y solo esta persona dijo: ¡Sí!

Después a un señor, para poner otro ejemplo a esta persona que contestó que sí a la referencia anterior, se le ocurrió comentar algo que a algunos les pareció ofensivo, pero creo que sirvió bien para ejemplificar la idea; le dijo lo siguiente: Ok, ahora piensa en Jesucristo, piensa en sus enseñanzas, su bondad, su humildad y en su necesidad de volver viral el amor al prójimo. ¿Ya te lo imaginaste, le pregunta a esta persona? Bueno pues ahora, imagínatelo vistiendo, actuando y hablando como Hitler. ¿Se vería congruente? ¿Te parecería tan bueno y humilde con esa voz gritona y ese cabello relamido? ¿Creerías que busca el amor del prójimo cuando él actúa con soberbia? ¡No me lo van a creer pero la persona siguió diciendo que SÍ!

Definitivamente cada persona ve las cosas desde su trinchera y sus opiniones se basan en experiencias, situaciones de vida, conocimientos y miles de cosas más. No puedo decir que está equivocada, ya que es su opinión y es muy válida; lo que sí les puedo decir es que la plática no tuvo ni un instante de aburrida. El ejercicio fue interesante, porque además de la sana polémica, me llamó la atención en lo apasionados que nos volvemos cuando creemos a toda costa tener la razón y buscamos fervientemente convencer al otro. Hay muchos argumentos muy interesantes que salen con este afán. Es emocionante debatir y discutir un punto, pero no olvidemos no engancharnos de más para no convertir algo sano y enriquecedor, en un pleito campal. Respeto y tolerancia, todos somos diferentes. ¿O qué opinan?

Saludos.

El Poder de tu Imagen.

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