Aline Corpus
Agencia Reforma

TIJUANA, BC 10-Oct .- Pablo tiene 8 años y observa un pedazo de periódico entre sus manos, a su lado duerme su hermanito de 1 año y 3 meses, ambos están acostados en una esquina del puerto fronterizo El Chaparral. Ellos buscan huir de las balas y la violencia en Guerrero.
El pequeño tiene la mirada fija en la fotografía de un hombre asesinado, torturado, en Acapulco. “Hallan cabeza humana en la Alianza Popular”, dice la noticia que sostiene.
“Son las pruebas que traemos para decirles (a los agentes de Estados Unidos) que en nuestro pueblo se está muriendo la gente”, refiere Pablo, quien llegó hace unos días a Tijuana en autobús desde Guerrero, junto con su mamá y otros tres hermanos.
Ana, de 32 años y madre de Pablo, aclara que ya pidieron el asilo, ingresaron el pasado sábado a la oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (CBP, por sus siglas en inglés), pero no les creyeron que estaban en peligro.
“Fue como un carrusel, no’más dimos la vuelta para que nos volvieran a echar pa’ fuera, entramos a las siete y para el medio día ya estábamos otra vez aquí (en Tijuana), pero sin esperanza, no nos preguntaron nada, queremos que nos ayuden también, como a los haitianos, venimos de una guerra (con el narcotráfico).
“Desde que llegamos aquí son puras tragedias, los propios mexicanos de naranja (oficiales del Instituto Nacional de Migración) nos recriminan que qué hacemos aquí, nos dicen que pa’qué arriesgamos a los niños, al traerlos, que no nos van a dar el asilo”, expresa Ana.
A la media noche, al menos cuatro familias mexicanas se acurrucan en la amplia plaza del Chaparral, el último punto en México antes de cruzar al puerto fronterizo de San Ysidro, California.
Sobre cartones y cobijas, que ya están ahí para quien se quiera quedar, está Daniel Godoy Ochoa, de 35 años, quien vivía en California desde hace 7 años, pero se regresó a México para rescatar a su hermana de 23 años, quien residía en Apatzingán, Michoacán.
“Le desaparecieron a su esposo, no se sabe nada de mi cuñado, el pueblo completo está sufriendo y el Gobierno mexicano no hace nada, es un desaparecedero de gente, el sur está horrible, el mismo policía te entrega a la maña.
“No estamos pidiendo ayuda sólo porque sí, de 50 mexicanos que entraron hoy (a pedir asilo) sólo mi hermanita se quedó ¿sabe por qué? Porque traía muchas actas de defunción, la de mi madre, de mi tía y de mis dos hermanos, sólo sobrevivimos ella y yo, somos los últimos”, indica.
Los migrantes mexicanos que llegan a la frontera para solicitar asilo político no alcanzan lugar en ninguno de los albergues que existen en la ciudad, pues se encuentran saturados con personas de Haití y de República del Congo, entre otros países.
Los mexicanos están solicitando apoyo a las familias de Tijuana, piden comida, agua potable, pañales, ropa, cobijas o cartones para dormir en las banquetas de la garita.