Carlos Reyes Sahagún

Cronista del municipio de Aguascalientes

En escena, un grupo de siete u ocho mujeres tiradas en el suelo, sumergidas en la oscuridad, en tanto se proyectan unas imágenes en dos planos: en una pared ubicada detrás de las mujeres, y en el fondo, hasta el techo.

En una de ellas se aprecia un campo en un día soleado. En primer plano aparecen unas cruces pintadas de rosa, y en el crucero los nombres de Esmeralda, Lucita, Brenda, la infaltable Lupita, Claudia Ivette, desconocida. Viene luego un collage de mucho colorido, en el que destacan la fotografía en blanco y negro, partida por la mitad en plena sonrisa, de una muchacha, una alambrada, las palabras “justicia” y “¡ni una más!”, la Virgen de Guadalupe y el letrero: “ya basta de violencia en contra de las mujeres. Ni una más”.

Mientras trascurren estas imágenes que llaman al silencio aterrador, se escucha a Cornelio Reyna, que canta con voz lastimera: “Te vas ángel mío, ya vas a partir, dejando mi alma herida y un corazón a sufrir. Te vas y me dejas un inmenso dolor, recuerdo inolvidable me ha quedado de tu amor”.

“Pero, ¡ay!, cuando vuelvas no me hallarás aquí. Irás a mi tumba y ahí rezarás por mí. Verás unas letras escritas ahí, con el nombre y la fecha y el día en que fallecí”.

Le siguen unas fotografías en blanco y negro, de esas que se piden en la escuela, en el trabajo, con caras de las que un día fueron jóvenes mujeres y hoy son, apenas, polvo que el viento levanta y dispersa; letreros con frases lapidarias, palabras que zarandean el corazón –el que lo tenga-: “Los feminicidios también son crímenes de Estado; Vivas nos queremos; Exigimos justicia y fin a la impunidad; La justicia se olvidó de mí. No me olvides tú”… Y como remate de esta sucesión de imágenes opresivas, aparece una de un brazo sobre la tierra, enterregado y ensangrentado, inerte. ¿De quién sería?, ¿de Lucita, Lupita, de la desconocida?

Es el montaje final de la tercera generación de la licenciatura de Artes Escénicas, Actuación, del Centro de las Artes y la Cultura de la UAA, que se presentó en el teatro del IMSS del 15 al 19 de junio pasados. Integrada por 15 jóvenes entusiastas -10 mujeres y cinco hombres-, la generación cumplió de esta forma con la materia de montaje final, y estuvo dirigida por José Concepción Macías Candelas, un guerrero involuntario de esta vida, y hasta forzado.

El texto elegido para que estos muchachos culminaran con su formación profesional fue escogido por Macías Candelas, y escrito por Víctor Hugo Rascón Banda, uno de los principales dramaturgos mexicanos del siglo anterior.

Hotel Juárez cuenta la historia de Ángela, una muchacha que va a Ciudad Juárez a buscar a su hermana desaparecida. Son las muertas de Juárez, que siguen vivas gracias, entre otras cosas, al texto de Rascón Banda, aunque ya no sonrían porque los ojos han desaparecido de las cuencas; aunque ya no puedan expresarse sino a través de estas actrices que claman por el fin de la violencia y la impunidad.

Dice Macías Candelas que Hotel Juárez pertenece a un tipo de teatro denominado documental, porque está basado en hechos reales, y utiliza imágenes tomadas de periódicos, de documentales, de organizaciones sociales que luchan en contra de esta violencia, etc. Rascón Banda, que además de dramaturgo fue abogado, periodista, escribió mucho sobre cuestiones sociales; asuntos penales.

Por otra parte, el director me cuenta que para llegar a esta puesta en escena, los estudiantes leyeron mucho y vieron algunas películas, e incluso se metieron a estudiar el feminicidio a nivel mundial.

Ciertamente, resulta importante cuidarse de no caer en las modas, y entonces, como este asunto de las muertas de Juárez ya no está de moda, pues a otra cosa. (Ahora la moda es Ayotzinapa). La propuesta escénica de Macías Candelas está dada por el hecho de que, aunque ya no esté de moda, Hotel Juárez trata tema vigente, no sólo en Ciudad Juárez, sino en México. Entonces, obras como ésta nos recuerdan que los problemas sociales no son de moda, sino de estructura, y que además en muchos casos se trata de una dinámica que cada vez se complica más, mientras que el gobierno; los gobiernos, permanecen ajenos a una problemática que crece continuamente, de tal forma que éstos y la sociedad transitan por caminos diversos. A final de cuentas, los marginados, los pobres, son quienes pagan los platos rotos de muchas de estas problemáticas. ¿Por qué murieron estas mujeres, por qué mueren tantos, para qué?…

Hotel Juárez es una metáfora de la ciudad norteña; del País. En cada cuarto, en cada piso, en cada pasillo, habitan personas que tienen historias sórdidas; miserables y desgraciadas, violentas a un grado tal, que se necesita de instrucciones para sobrevivir en él. Son historias de gente triste, despojada de su dignidad, que Ramsés, uno de los personajes, va nombrando, hasta llegar a la señora “que viene desde la sierra a buscar a su hija que desapareció. Salió del jale y nadie la volvió a ver. Dice la señora que la quisiera viva, pero que si está muerta sólo quiere saber dónde está para poder llorarla y rezarle, o para llevársela al panteón de su pueblo. Es como un alma en pena. Sale todos los días muy temprano, muy animosa, muy saludadora, y regresa en la noche cansada y triste; derrotada…”.

En verdad os digo que ojalá y este tipo de textos dramáticos fuera una ficción, un divertimento de otro mundo, y no el retrato brutal de una realidad odiosa a la que, peor aún, terminamos por acostumbrarnos… (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).