Hotel Imperial

Por J. Jesús López García 

Alguna vez un autor mencionó que la arquitectura es a la construcción lo que la poesía a la literatura. Varios hombres de letras han dedicado importantes ideas a la interpretación de lo que la arquitectura es o puede ser a la vida cultural del hombre, como Goethe que disfrutaba del aprecio de las artes de entre las que a la arquitectura se refería como <<música congelada>> -frase atribuida también a Schelling y/o a Shopenhauer-, con lo que describía lo que de hecho es el hermanamiento natural de todas las disciplinas artísticas y que en el caso de la arquitectura, se extiende a prácticamente toda experiencia humana, pues desde que nacemos hasta que dejamos de existir, la construcción arquitectónica provee un marco a todas nuestras actividades y sensaciones, siempre presente.

Ahora bien, dado que en los tiempos que corren toda producción humana parece que más allá de sus capacidades de representación y uso, debe ser fácilmente comercializable, en donde la arquitectura tiende a revestirse de ornamentos y <<estilos>> de fácil etiquetación para ser promocionada y vendida. Ello pone en peligro la honestidad constructiva del hacer arquitectónico pues su factibilidad técnica y su expresión plástica se apoyan primeramente en esa honradez.

La integridad edificatoria radica en la capacidad de síntesis: que no sobre y que no falte algo; de esta manera, se torna la ley fundamental en la que el arquitecto debe reparar cuidadosamente y que no es otra que: la Ley de Gravedad. Todo edificio se manifestará a través de la elevación sobre el suelo utilizando a la gravedad como aliada, pues de lo contrario el enfrentamiento a ella redunda simplemente en un colapso. Para ello los principales sistemas constructivos se presentan en tres modalidades básicas: muros de carga, las estructuras de elementos horizontales suspendidos -trabes y columnas y/o arcos- y la forma como un todo estructural.

El surgimiento de los estilos arquitectónicos obedeció a lógicas constructivas que iban definiendo un conjunto de características formales, que en un lapso y un sitio específicos sirvieron para ensamblar fincas útiles a una congregación o una población, proporcionándoles a su paso una serie de rasgos de identidad. Por ejemplo lo sobrio del orden dórico obedece al recio carácter de los dorios, el grupo humano que surgido de la parte balcánica de la antigua Hélade en su impulso beligerante hacia el este marcó, por ejemplo, el carácter de los espartanos, en contraposición lo estilizado del orden jónico va de acuerdo a la sofisticación de los jonios, asentados en la parte centro occidental del territorio griego antiguo. Más los llamados órdenes de la arquitectura clásica atendían en principio al exigente constructivo, como en el caso del arco de medio punto, sobre el que descansa la potencia de la arquitectura romana o el arco ojival o apuntado sobre el que se fundamenta la estructuración del estilo gótico, que se eleva hacia unas alturas vertiginosas, en alusión a llevar a los cielos la casa que los humanos han realizado en honor a Dios. Pues bien, eso era imposible en su momento con otros procesos constructivos que no se hubiesen suscrito a la codificación gótica.

El estilo por sí mismo es ocioso y carece de profundidad intelectual y técnica si no es soportado por la honestidad constructiva; conservar formas sólo por armonizar una imagen puede ser un interés noble pero no deja de ser superficial.

En ocasiones el resultado visual de un proceso constructivo puede no ser muy agradable a la percepción de algún transeúnte, habitante o espectador; sin embargo para conocer un poco sobre la historia de la arquitectura y de la construcción local debe afilarse la mirada para tratar de comprender que fue lo que implicó tales o cuales decisiones edificatorias. ¿Y cuál es la utilidad de ello? Tal vez para conocernos mejor como sociedad, en nuestro caso como aguascalentenses.

En lo que primigeniamente en el siglo XVI fuera el antiguo presidio de Aguascalientes se encuentra ubicado el conjunto de habitaciones del Hotel Imperial en el primero y segundos niveles, y en toda la planta baja se localizan multitud de locales comerciales hacia las calles de 5 de Mayo y hacia el lado norte de la Plaza de la Patria. La finca presenta elementos de una dilatada historia, no todos visibles: arcos de medio punto, arcos ojivales, vetustos torreoncillos -en la azotea-. Todos las partes dan cuenta de los múltiples usos que a lo largo de siglos el bloque ha albergado: militar, comercial, hospedaje, esparcimiento –cuando fue un casino-, dejando su impronta a través de la construcción, incluida en ella una cubierta con bóvedas curvas de acero en el espacio del núcleo del inmueble, y que son visibles desde distintas perspectivas, ya sea por la calle José María Chávez o desplazándose por la plaza y sus alrededores.

Sin duda alguna puede complacernos o no lo que percibimos, sin embargo el interés en la arquitectura debe ir más allá de la simple imagen, pues cada elemento construido expresa el signo de su tiempo mucho mejor que cualquier campaña publicitaria que busca reducir la palabra “estilo” a un llano objeto de lucro.