COLUMNA CORTE 1Esos oximorones como el que acompaña al título de esta columna, suelen ser desconcertantes, pero tal equivalencia se justifica cuando se exploran las similitudes idiolécticas, ya que el filme posee todas las cualidades narrativas y discursivas que estructuran una cinta de los consanguíneos Ethan y Joel Coen, sin despojarse de cierto nivel de propuesta personal, lo cual habla maravillas de su director, el actor Grant Heslov (a quien seguramente lo recordarán por sus rasgos medio orientales que lo han encasillado en papeles étnicos en cintas como “Mentiras Verdaderas”, “Congo” o “El Rey Escorpión”, casi siempre en roles secundarios o patiñescos). Sin embargo, “Hombres de mentes” lo revela como un talento a seguirle la pista, ya que su sentido de la ironía y entendimiento del humor mala leche lo destacan entre la camada de actores-directores de nueva generación que buscan la rápida aceptación del público con proyectos facilones que usualmente sucumben a la comedia romántica pueril.
¿Y de qué va “Hombres de mentes”? La cinta adapta el texto conspiracional del periodista estadounidense Jon Ronson, titulado “Los hombres que miraban fijamente a las cabras”, una extensa investigación de años donde pone al descubierto las descabelladas técnicas de diversas facciones del ejército estadounidense para minimizar la potencialidad de las fuerzas armadas extranjeras / enemigas a través del adiestramiento de soldados en ejercicios psíquicos, ampliación de su capacidad telequinética, manipulación de elementos físicos a nivel visual, invisibilidad y desplazamiento corporal a través de elementos sólidos como muros y puertas, entre otras cosas… en pocas palabras, la búsqueda de genuinos superpoderes a través de sujetos con el potencial adecuado. ¿Absurdo? Definitivamente, pero es oro molido como tema para su disección una cinta.
En este caso, la trama descrita centra su atención en el personaje de Bob Wilton (alter ego de Ronson e interpretado excelentemente por Ewan McGregor), un reportero del Anne Arbor Daily Telegram, quien después de recibir esa fea puñalada por la espalda conocida como “infidelidad” por parte de su cónyuge, decide ir a Kuwait con fines de reencuentro consigo mismo, tomando como excusa una investigación sobre la guerra en Irak. Lo que no esperaba era toparse con Lyn Cassady (George Clooney en otro papel que lo consolida como uno de los pocos actores comprometidos con su oficio en este Hollywood de artificio histriónico), un exintegrante del llamado Ejercito de la Nueva Tierra que operaba bajo los parámetros descritos en el párrafo anterior y donde él, junto con un compañero llamado Larry Hooper (Kevin Spacey en una de sus mejores actuaciones) ejercían la actividad de “espías psíquicos” (o “guerreros Jedi”, como lo dice el mismo Cassady) para esta milicia Zen fundada en los setenta por el teniente coronel Bill Django (un Jeff Bridges que interpreta a su personaje como un “Dude” Lebowski ya entrado en años), hippie de corazón y actitud.
Sin embargo, a pesar de que dicho ejército fuera desmantelado por las nuevas administraciones, ha reactivado a Cassady para una misión misteriosa a la que se une Wilton y, por jocosos azares del destino, un iraquí de nombre Mahmud (Waleed Zuaiter) para descubrir los hilarantes entretelones del espionaje gringo en sus más bizarros niveles, como la tortura a prisioneros extranjeros sometiéndolos a canciones de Barney el dinosaurio púrpura una y otra vez (cruel, en verdad) y la inyección de LSD en los suministros de agua y alimentos entre los soldados estadounidenses para mantenerlos “enfocados”.
La película podría ser tan sólo un escaparate de excentricidades y comicidad oscura, pero su director logra sortear los baches de la gratuidad para centrarse en los aspectos satíricos e inteligentes del relato, enriqueciendo la exploración de personajes con una serie de diálogos por demás memorables y graciosos (Ejemplo: Larry Hooper, harto del Ejército de la Nueva Tierra, denuncia al teniente Django ante una corte marcial: Hooper -“El Teniente Coronel Bill Django usó parte de los fondos encubiertos del proyecto para proveer a los soldados de prostitutas…” (Interrumpe Django) Django: -“¡Eso es mentira!”. Hooper: -“…y de obtener drogas para él mismo y sus hombres”. Django: -“Eso… bueno… ¡Lo de las mujerzuelas definitivamente es mentira!”).
El guión, obra de Peter Straughan (“Cómo perder amigos y alejar a la gente”) privilegia un ritmo mesurado sacrificando la vertiginosidad y permitiendo que las situaciones respiren y sean las acciones de los personajes el hilo conductor de la trama, abandonando la socorrida estructura de los personajes reaccionando a los acontecimientos. Este detalle, aunado a un montaje de tiempos paralelo donde los flashbacks y tiempo real conviven sin generar confusión, permiten que la revisión de la película transcurra fluida y gratificantemente.
Es por ello que en esta temporada de portentosos bodrios de consumo masivo como “Mundo jurásico” y demás ñoñerías diseñadas para narcotizar la conciencia de los púberes a nivel nacional, es imperativo dar aire fresco a las neuronas con proyectos de calidad como “Hombres de mentes”, o como diría Bob Wilton en el momento cumbre de la cinta acompañado por la memorable melodía del grupo Boston “More Than a Feeling”: “¡Ahora, más que nunca, necesitamos a los verdaderos Jedi!”. Repítase como mantra, por favor…

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