Saúl Alejandro Flores

Desde que comenzó sus primeros días de existencia Águedo dio muestras de avidez y ansias por aprender del mundo que era nuevo para él, de un mundo cuyas imágenes estáticas y en movimiento parecían pegarse a sus ojos, sensación que con el paso de los días evolucionaron al poder concebir que existían las distancias de un mundo cuyos sonidos cimbraban su frágil sentido del oído, de los olores a comida y de quien le proporcionaba calor y caricias al percibir la humanidad de su madre a través también del tacto, luego llegó el gusto, hasta llegar al conocimiento y el cómo alimentar y saciar esa ansia por aprender, saber y encontrar explicación de todo aquello que contemplaba, incluso de lo que escapaba a sus sentidos, es decir, aprender sobre aquello que no se ve o percibe por los cinco sentidos.

Sin embargo, no todo fue fácil para Águedo, pues las limitaciones en su hogar eran predominantemente el lugar común, así que conforme crecía tenía conciencia de las circunstancias, se percató de lo que significaba pobreza, en sus escasos cinco años de vida vio llorar a su madre de manera intensa dos veces, al perder primero a su hermana de escasos dos mes y en menos de un año a Juan de seis años, de quien recuerda que se quejaba y se tocaba de dolores en la panza acompañados de un llanto que se tornaba en estruendo y tensión en su humilde hogar.

En los recuerdos de Águedo estaba la voz de su madre diciendo que a Juan lo mató el “agua mala”, Águedo se quedó pensando que como ese líquido transparente y fresco podía matar a su hermano, no se lo pudo explicar, pues tenía un apreció por esa sustancia que le daba placer al tocar y que luego con el escaso ingreso que tuvo en la escuela supo que era vital para la vida, para las plantas y animales. Un hecho destacaba que Águedo sentía un placer por aprender, así que en lo poco que podía asistir a la escuela aprovechaba podría decirse cada momento en que tenía ese privilegio y tomaba los libros, aprovechando su facilidad para la lectura terminó por leerlos todos.

Por necesidad tuvo que trabajar y ayudar a su madre y hermanos, pero a pesar del trabajo nunca perdió el interés por aprender, siempre aspiró a cosas mejores, obtenía trabajos mejores y ahorraba, así que consiguió llevarse a su madre y hermanos a otro sitio mejor para vivir, podía estudiar por las noches, pero la demanda por su nuevo negocio, ya lo requería prácticamente todo el tiempo en su tienda y frutería, misma que abría desde las primeras horas del día hasta ya entrada la noche, lugar al que también llegó a trabajar su madre y hermanos, a quienes apoyó para estudiar, pero eso tampoco impidió para que el joven Águedo perdiera el interés por aprender, pues antes de dormir, acostumbraba leer por media hora los libros que compraba en los domingos único día que descansaba parcialmente por que cerraba temprano su negocio, además de leer todos los días al tomar su descanso después de comer, es decir otra media hora.

Un eco sonaba en su memoria, una voz que retumbaba, las palabras fatales: “agua mala”, durante sus estudios que llegaron hasta preparatoria, aprendió podríamos decir mucho sobre el agua, desde sus elementos hidrogeno y oxígeno, lugar donde se ubicaba, el ciclo del agua y que el agua contaminada generaba enfermedades y que la mayor de las veces conducía a la muerte, tal como sucedió con su hermano Juan, de quien sólo recordaba la silueta que se retorcía en la cama y por supuesto el llanto.

Águedo, a modo de conjurar ese espectro de su pasado, vio que sus conocimientos elementales del agua, no servían para entender y explicar por qué había “agua mala” así que en sus escasos ratos libres, buscó información, textos, artículos y todo que pudiera explicar por qué había agua mala, si había agua contaminada pero porque, así que a partir de ese momento, supo que era consecuencia de la falta de cultura en el cuidar el agua, la ausencia de medidas de gobiernos y empresas por mantenerla sana, así como del escaso conocimiento para sanear lo que debería ser el agua potable.

También encontró respuesta al saber la importancia de la infraestructura y como se hacía y qué se necesitaba para construirla y que además fuera la indicada, además de que no sólo era construirla, sino mantenerla en funciones, su capacidad intelectual, pero más aún su hambre por saber le permitieron seguir indagando, al cumplir 25 años, le dijo a su madre y a su hermana Nancy que ya tenía 23 años que le ayudaran con la tienda en el medio tiempo para estudiar, una carrera en ingeniería ambiental, aspiración que logró al dedicarse con esmero, fue un estudiante destacado que se ganó el respeto de sus maestros y autoridades universitarias, incluso de sus compañeros, porque nunca quedó oculto las circunstancias que rodearon esa marca del agua mala, y que motivaron los esfuerzos de Águedo. Quien por cierto terminó su carrera y llegó a ocupar poco a poco puestos importantes en los gabinetes de investigación y trabajo en dependencias gubernamentales del sector agua, pero cada vez sentía impotencia al ver que por mucho que se esmeraba los logros eran aparentemente pocos, pues no todo era infraestructura, o dinero sino hábitos no sólo de los usuarios de agua, sino de las autoridades y dirigentes empresariales que poco hacían, candidatos y funcionarios que les interesaba más un voto o favorecer a quien los apoyó en campaña, que no hacer las acciones indicadas para solucionar el problema, ahí comprendió Águedo que la frase “quiero aprender sobre el agua” ya no era una prioridad, la prioridad era ahora “quiero saber cómo convencer a las personas de la importancia de solucionar los problemas del agua y ponerlos a trabajar en ello”, pues esa sería la manera de evitar que otros niños murieran como Juan y evitar que el destino fuera fatal para toda forma de vida.

Amable lector, estas pueden ser acciones que ayuden a que en México y Aguascalientes el agua nos alcance…

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