El gran día para José Roberto Ruiz Esparza Martínez y Rocío Fernández Medina finalmente llegó, y la pareja contrajo nupcias en el templo de San Antonio de Padua.
Carlos Ruiz Esparza y Ana María Martínez, arribaron al atrio de la iglesia para acompañar en su enlace a su hijo, con quien encabezaron el cortejo hacia el altar.
Seguidos de los padrinos de velación, anillos, arras y mancuerna, cada uno tomó su lugar para comenzar con la celebración religiosa.
Al final y sonando la marcha nupcial, hizo su entrada la hermosa novia, luciendo un reluciente ajuar blanco tomada del brazo de sus padres, Antonio Fernández y María Guadalupe Medina.
Cada uno, bendijo a sus herederos para que juntos comenzaran los cimientos de su propia familia, momento que resultó sublime para los presentes en esta boda.
Luego de las lecturas, evangelio y homilía del sacerdote, éste último invitó a la pareja a ponerse de pie para llevar a cabo el ritual en el que se consagrarían al matrimonio hasta que la muerte los separe.
La promesa que hicieron ante Dios, fue bendecida y sellada por la mano del Altísimo, impidiendo su separación por la mano del hombre.
Fue así que los nuevos esposos quedaron unidos y con el acompañamiento de sus seres queridos, protagonizaron una importante celebración en un lugar especial, donde además de obsequios recibieron también buenos deseos por su eterna felicidad.

Compartir
Artículo anteriorFelicidad en grande
Artículo siguienteBoda en puerta