Josemaría León Lara

Una vez que la Independencia de México fue una realidad en la segunda década del siglo XIX, el caos generalizado no se detuvo.  En nuestro país habría de derramarse mucha sangre para poder existir como nación; invasiones extranjeras y guerras fratricidas llegarían a trazar el camino por el cual la joven patria forjara su pasado, presente y futuro.

El derramamiento de sangre mexicana en la defensa heroica de la libertad y la soberanía nacional, marcaron para siempre la conciencia histórica del país. Y aunque el precio más alto sin duda fue la pérdida de vidas humanas, es menester reconocer el endeudamiento extranjero que se fue agigantando con el paso de los años.

Es sentido común que un país de reciente creación, requiere de reconocimiento internacional y de la búsqueda de aliados comerciales y en muchos casos también militares. Ahora bien, México no fue la excepción y el estar pidiendo préstamos a sus “aliados” resultó ser más caro de lo que se llegó a pensar.

En 1862, México le debía dinero tanto a Inglaterra, como a España y por supuesto a Francia, países que por obvias razones no veían solo a México como un deudor, sino también como un territorio ciertamente conquistable por su ubicación geográfica y riquezas. Es por ello que en aquel año, las tres naciones decidieron “invadir” México con el pretexto de requerir el pago de la deuda.

El entonces presidente Benito Juárez buscó una solución pacífica al conflicto, misma que rindió frutos con los ingleses e ibéricos, mismos que se retiraron en buenos términos. El problema es que los galos no accedieron a los tratados y decidieron marchar rumbo a la Ciudad de México con el evidente afán de conquistar el país.

El ejército francés debía pasar por Puebla en camino a la Capital, pero con lo que no contaban fue con la resistencia de los soldados mexicanos comandados por Ignacio Zaragoza. Ese cinco de mayo de 1862, los mexicanos lograron lo que se consideraba como imposible, vencer en batalla al ejército más poderoso del mundo.

Una cosa fue ganar la batalla y otra muy diferente fue ganar la guerra. La historia ya la conocemos y los franceses terminaron “imponiendo” un nuevo gobierno monárquico en México a través del príncipe austriaco Maximiliano de Habsburgo. Es difícil juzgar el pasado histórico, puesto que al no haber vivido en determinado tiempo provoca el desconocimiento de las circunstancias de tiempo, modo y lugar que provocaron determinada situación.

No es con el afán de demeritar la heroica defensa en Puebla, sin embargo hemos celebrado durante más de cien años una hazaña que solo fue una batalla ganada y nada más. Es probable que inconscientemente los mexicanos nos hemos hecho la idea y ha dejado de tener mucha relevancia a nivel nacional, a excepción de los poblanos por supuesto.

Momento en que se presenta la ironía, puesto que el cinco de mayo queda como una fecha más dentro del calendario cívico nacional mexicano; y resulta que en los Estados Unidos se ha convertido en una celebración con más importancia y relevancia.

Lo que empezó como una fecha de celebración del orgullo y el patrimonio nacional para la comunidad mexicana en el vecino país del Norte, con el paso de los años se convirtió en una fiesta mexicana celebrada por gringos, dónde los sombreros, las maracas, los bigotes falsos, las zarapes y el 2×1 en margaritas son el común denominador.

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@ChemaLeonLara