CDMX.- Una reaparición soñada tuvo la legendaria ganadería de Piedras Negras en la Monumental Plaza México, después de más de 20 años. El ganadero Marco Antonio González lidió un encierro muy bien presentado, variado de pintas, destacando los toros jugados en segundo, tercero y cuarto turnos. Después de haber salido al tercio tras la muerte del quinto de la función, González dio una histórica vuelta al ruedo en solitario como premio a su idea inamovible de la bravura como característica principal en el toro de lidia.

Antonio Romero, quien mejor estaba toreando, pero, sobre todo, entendiendo al toro de Piedras Negras, se fue, en un abrir y cerrar de ojos, a la enfermería con una grave cornada en el recto.

Los toros tlaxcaltecas, que desde hacía 22 años no pisaban el ruedo capitalino, se llevaron la tarde.

El trapío, la movilidad, pero sobre todo, la emoción que produjo su bravura cautivó al público, que sacó al ganadero Marco Antonio González al tercio, tras la lidia de los cinco primeros, y luego lo obligó a dar una entera vuelta al ruedo al final de la corrida, inolvidable premio en su debut como responsable de la legendaria vacada de Piedras Negras.

Cuatro de ellos muy buenos para torear. No fáciles como son los toros bravos, pero quien venía dispuesto a hacerlo lo consiguió.

Romero lo estuvo y cuando firme se lo pasó por delante, consiguiendo eslabonar muletazos de trazo lento y convicción que fueron trompicados. En el suelo sufrió la cornada.

A ese toro lo mató “El Chihuahua”, a quien le obsequiaron, sin merecerlo, el quinto toro y, simplemente, lo desperdició. Antonio nunca supo que estaba en la México. Sus sonrisas y actitudes soberbias retaron al público que le cayó encima. Oyó avisos y abucheos.

Pese a no torear, el regio Juan Fernando tuvo una buena actitud. Se quedó parado con un toro bravo y que embestía emotivo, pero la espada lo privó del trofeo. Él merecía lidiar al quinto.

Con el astado menos bravo, pero sí más noble, Mario Aguilar gustó al torear por naturales. La espada le privó del triunfo, pero aún así lidió al sexto, que fue el lunar del encierro.