Graciela Lozano, Sara Díaz

“Las letras con sangre entran” es una frase muy conocida en el tema de la educación, expresión que se atribuye a los maestros de antaño, hombres severos y hasta insensibles con sus alumnos.
El tiempo se ha encargado de cambiarlo todo y ese mismo cambio ha marcado la senda de la educación.
En la actualidad, no sólo las instituciones educativas han sido modificadas, pues los salones son ya instalaciones modernas; los pupitres ahora son asientos más cómodos, el pizarrón se ha convertido en una pantalla digital y de los gises, ni hablar. Los niños ya no copian sus tareas en sus cuadernos, ahora es más sencillo tomar una fotografía con su teléfono celular e investigan los deberes vía internet, por ello tal vez las bibliotecas se aprecian solitarias.
Los pedagogos por su parte tienen mayores retos, tareas difíciles y responsabilidades que jamás imaginaron. Es momento de trabajar a marchas forzadas para sobresalir, ir de la mano con la tecnología, permitiendo que sea una valiosa herramienta y no algo con lo cual se compita.
El maestro, hoy y siempre, ha tenido la encomienda de velar por la buena educación de sus alumnos y, por supuesto, la transmisión de conocimientos; pero si a eso se agrega un plus que es brindar herramientas de superación para sus estudiantes, seguramente siempre será recordado, valorado por sus educandos y sobre todo admirado por ser un maestro que luchó contra todo por ejercer de manera ética una de las profesiones más hermosas y satisfactorias que puede tener un ser humano.
En este día, valoremos, admiremos y honremos al maestro que dirigió nuestros primeros pasos en materia educativa y a todos aquellos que nos acompañaron en el fascinante mundo del aprendizaje.

“CUANDO se es buen humano, lo demás viene por añadidura”, frase del Maestro Juan Camilo Mesa Jaramillo, rector de la Universidad Cuauhtémoc campus Aguascalientes, quien resume de esta forma su filosofía del ser.
“El maestro debe volver a ganarse el lugar que tuvo en algún momento; siempre que llegabas a alguna comunidad las personas más importantes eran el cura, el doctor y el maestro. Lastimosamente el profesor ha perdido su valor porque la sociedad tampoco se lo ha dado, no se lo ha exigido. Creo que el maestro es la diferencia entre la riqueza y la pobreza de un país, pues tiene mucho más obligación que la de simplemente llegar al salón y dar una clase, tiene la obligación de cimentar al ser humano que construye el mundo.
“Mi búsqueda con los maestros es decirles: ‘Crean en cada acción que hagan, pues de esta manera están transformando a México’.
“El sistema educativo se equivoca cuando cree que debe centrarse en el conocimiento y no en la persona, porque cuando tú fortaleces a una persona, el conocimiento es una consecuencia.
“La labor del maestro tenemos que revalorarla como sociedad, darle valor moral y social. Mi invitación es que los maestros crean en su labor y que con un granito de arena, logren construir, jamás “destruir” a México”, destacó.
Claro queda en su entender que la guerra de hoy en el mundo es contra la ignorancia que a Latinoamérica, con sus sistemas educativos retrógrados, mantiene en el cuarto mundo.
Finalizó diciendo: “El maestro tiene una labor entre la riqueza y la pobreza, de ahí que surge en mí una frase que dice: ‘El camino a la pobreza es la autopista a la ignorancia’. Un país que no tiene un buen sistema educativo, está condenado a ser pobre y la diferencia sin duda, la hace un maestro”.

IMG_8975NAZIRA Yakubova, originaria de la ciudad de Tashkient de República de Uzbekistán, es una maestra emérita de ballet, disciplina perfecta que aprendió con el método de Agrippina Vaganova durante la época de la ex Unión Soviética. La técnica que, con talento y mucho  trabajo consiguió desempeñar, le ha permitido lograr en numerosas presentaciones ser la bailarina principal y solista.
Hace 17 años llegó a México para heredar sus conocimientos en el arte; doce años permaneció en la capital dando clases en una escuela privada y posteriormente fue invitada a contribuir en la instrucción de ballet en Guadalajara. Desde hace dos años enseña a las nuevas bailarinas en la Universidad de las Artes de Aguascalientes.

Su vivencia más importante es la que sus estudiantes le han entregado; disfruta el orgullo de saber que varios de sus alumnos han sido considerados como solistas y que ella en mucho contribuyó en su enseñanza artística.
“En la Ciudad de México una alumna estuvo como primera bailarina y lo hizo muy bien, también en Guadalajara y por supuesto aquí; hay alumnas que han sido solistas y es un orgullo, porque quieren, las chicas bailan bien y eso me gusta”.
El mensaje que les quisiera enviar es que tienen que querer la profesión porque es una actividad muy difícil. El trabajo con su cuerpo y mente es todos los días. “Si van a trabajar con ganas, con amor a esta profesión, van a crecer, a bailar bien y a destacar como solistas, como artistas, pero todo radica en las ganas de ser muy grande y querer esta profesión”.

IMG_8968“LA ESCUELA es el segundo hogar de los niños, pero su primera escuela, es el hogar”, afirma Francisco Javier Guel Sosa, un hombre que nació en San Francisco de los Romo, Aguascalientes y que cuenta con más de tres décadas comprometido con la educación.
Su vocación nació a muy temprana edad, comenzando sus estudios en la escuela Esteban Ávila Mier, a la que tiempo después regresaría como docente y luego como director.
En el CRENA cursó su educación media superior y a los 22 años se recibió como profesor especializado en educación básica por la Universidad Pedagógica Nacional y durante mucho tiempo impartió clases en escuelas rurales. Actualmente es delegado del Consejo Nacional de Fomento Educativo (Conafe).
Una anécdota significativa marcó su persona.
“Cuando me entregaron mi primer grupo de segundo grado, con 36 alumnos, yo me preguntaba ‘¿ahora que voy a hacer?’ Aunque había practicado, entra la incertidumbre el responder solo por esas 36 vidas y para mí, los primeros cuatro meses fueron angustiantes”, manifiesta con cierto gesto de nostalgia.
El mensaje más importante que un docente de tantos años comparte con las nuevas generaciones de maestros es “el título de ser maestro, no es el que consiguen en la normal o en la universidad, sino el que te dan los propios alumnos y padres de familia cuando te reconocen con la autoridad moral y profesional, porque haces todo tu esfuerzo por ayudar a sus hijos y ayudarlos a ellos. La vida de esos niños está en la manos de un maestro y ellos podrán incidir en su futuro para que sea un buen hijo, padre y esposo”, concluye.

IMG_1914“INTENTO vivir y experimentar, más que coleccionar títulos y/o cargos”, dice el maestro José David Vallado Flores, quien actualmente dirige la Escuela de la Creatividad de la Universidad Cuauhtémoc.
Nacido en Mérida, Yucatán, estudió la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación, Máster en Comunicación Integral, en España; Maestro en Psicoterapia Gestalt, en Aguascalientes y un diplomado en Historia del Arte en Florencia, Italia.
“Mi ámbito laboral, siempre ha sido el de maestro universitario. Sugiero que nos involucremos y estemos cerca de los alumnos, pues estamos llenos de fuentes y muy carentes de procesos mentales, debemos incidir en los alumnos”, destacó.
El maestro, dijo, debe tener el compromiso de enseñar conocimiento, técnica, pero también manera de trabajar, por lo que su mensaje va en función de seguir amando su profesión.
Considera que deben actualizarse en su área, convivir con el alumno del siglo XXI, asegurando que les toca vivir sus momentos, sus medios y tratar de incorporarlos con un objetivo claro.
“Estoy totalmente de acuerdo en una figura de autoridad en la universidad, pues hay cosas que no están al criterio del alumno, pero no por esto dejo de escuchar y ser flexible; tengo que ponerme un poco en la realidad del alumno, sin perder mi carácter de autoridad”, destacó.
Finalmente, mencionó: “Es muy grato incidir en la vida de los seres humanos, por eso me mantengo en la docencia, pero estoy consciente de que se debe hacer un alto en el camino para dar paso a las nuevas generaciones. Aún así no cambiaría la docencia, mejor lo compensaría con alguna otra actividad que la enriquezca”.