El miedo forma parte de nuestra condición humana y se presenta en las personas como en la sociedad; los miedos actuales de nuestra sociedad se deben a la amenaza de la violencia y la inseguridad, señaló el obispo José María de la Torre Martín.
Hay quienes han sufrido en carne propia, de manera directa o indirecta, alguna de las variadas formas de violencia generada por el crimen organizado en los últimos años, tales como secuestros, homicidios, desapariciones, desplazamientos forzados, extorsiones, amenazas y cobro de piso, entre otras.
Estas violencias dejan secuelas hondas y duraderas si no son atendidas de manera directa y sistemática. Una de ellas, es el miedo que llega a convertirse en terror. Incluso la población no afectada por la violencia en su círculo familiar o cercano, está impactada por el miedo que la circunda. Este miedo se respira en el ambiente y determina conductas, rutinas diarias, actitudes e inclusive estilos de vida. Un efecto que puede provocar el miedo es el aislamiento, la desconfianza y la fragmentación social, advirtió el Pastor.
Así como el miedo es una amenaza social, puede ser una gran oportunidad para pasar de la parálisis y el deseo de venganza a la responsabilidad social. Para ello es necesario, en primer lugar, creer en uno mismo, en las potencialidades de cada quien, en la posibilidad de cambiar el presente y de diseñar el futuro de otra manera.
Y en segundo lugar, no perder la capacidad de soñar un futuro distinto. Creer que otro mundo es posible.
El miedo puede hacer de las personas una sociedad conformista y agachada que se conforma con migajas y no aspira a la justicia ni a la paz.
“Derribemos el muro del miedo que no nos permite inventar horizontes nuevos para salir adelante. Necesitamos sacudirnos el miedo desde la interioridad de cada persona, que se arriesgue a convertirse en responsable de sí misma, de la ciudad y del estado. De otra manera, no hay futuro que sea posible”, subrayó el Pastor.