Por Daniel Amézquita

Existen sensibilidades que sobrepasan lo común, se vuelven extraordinarias y se convierten en representación de una época y un pensamiento que traspasa los límites temporales y geográficos. La virtud de los personajes de cambiar a nuestro país desde los sentimientos y el talento, son motores que debemos alentar, proporcionar el combustible necesario para recorrer el camino del mundo a través de las artes y la cultura.
Frida Kahlo soñaba desde niña con figuras que le atormentaban, con fantasmas y la colorida calavera que bailaba a su alrededor, imaginaba otras posibilidades postrada en la cama debido a la poliomielitis, otras enfermedades y al accidente que la aquejaban ya desde aquel entonces y le dejarían secuelas que la acompañarían hasta su muerte. Estos inconvenientes de soledad y dolor le proporcionaron el material para confeccionar su obra cargada de simbolismos entre lo milenario, nuestras raíces prehispánicas, lo moderno y su propia concepción del México de la primera mitad del siglo XX. Es una figura emblemática en el arte mexicano y corresponde a una estética que marcó un antes y un después en la idea que se tenía de las mujeres y sus capacidades, sigue dejando huella en las generaciones posteriores y es necesario que toda mexicana y mexicano conozca sus obras, que se identifique con ellas y comience a creer que todo lo que nos sucede en nuestra vida, ya sea la alegría o la desgracia, se puede convertir en un producto artístico y de gran valor comunicativo.
Diego Rivera, su gran amor, dijo alguna vez de Frida Kahlo: “Ella fue la poesía misma y el genio mismo”. La vida de Frida estuvo rodeada de amantes, de literatura, de política, de tequila y cigarros; fue una mujer capaz de sobrepasar la adversidad, los prejuicios y estereotipos de su tiempo; se sabe que con la influencia y ánimo de su padre, al que adoraba y admiraba, practicó box a pesar de sus limitaciones físicas.
En una exposición con fotos de la artista, que era renuente a posar sin su traje típico mexicano, mostró uno de sus lados más intensos, la exposición tuvo lugar en el Museo Marta Herford de Alemania y en una de las instantáneas, podemos apreciar los aparatos que se hacía construir para poder pintar mientras se recuperaba en cama después del accidente que la dejara convaleciente y afectada de por vida. A la par en Nueva York, Estados Unidos, según el periódico El País, se subastaron unas cartas hasta ahora inéditas en las que Frida Kahlo revela una de las facetas menos conocidas de ella: la ternura, cartas llenas de dibujos, besos pintados y flores prensadas a su amante el artista español exiliado en esa ciudad norteamericana Joseph Bartolí, tanto en la exposición como en las cartas, se nos muestra una Frida Kahlo diferente, una Frida capaz de llevar desde lo más cotidiano y mínimo a lo cursi y grandilocuente, pero siempre a través de su visión colorida, porque para ella los colores eran su medicina, escribió lo que los colores significaban para ella y que hicieron su obra tan peculiar como para que fuera una de sus pinturas, la primera pieza, fuera comprada por el Museo del Louvre a un artista mexicano.
“No sé cómo escribir cartas de amor pero quería decirte que mi entero ser está abierto a ti. Desde que me enamoré de ti todo se ha transformado y está lleno de belleza… El amor es como un aroma, como una corriente, como la lluvia. Sabes, mi cielo, que llueves en mí y yo, como la tierra, te recibo.”
Frida Kahlo