Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

La Secretaría de Educación Pública (SEP) siempre ha evaluado, de diversas formas, los aprendizajes de los alumnos, particularmente de educación básica. Por ejemplo, en los años más recientes, de 2000 al 2005, aplicó anualmente exámenes en todo el país para verificar el grado de aprendizaje en primaria y secundaria. Los resultados obtenidos, en ambos niveles, fueron muy preocupantes toda vez que la mayoría de los alumnos se ubicó en el rango de reprobados. De 2006 a 2013 se aplicó la prueba ENLACE, un examen que evaluó, fundamentalmente, aprendizajes en Español y Matemáticas. Los datos de esta evaluación fueron igualmente desalentadores, pues en ambas asignaturas de la primaria (de tercero a sexto) el 70% de los educandos se situó entre insuficiente y elemental en promedio; en secundaria (de primero a tercero) el 81% de los estudiantes estuvo en los mismos niveles de insuficiente y elemental en Español; y en Matemáticas el 86%. La semana pasada, el 6 de noviembre, el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) dio a conocer los resultados del más reciente examen que se aplicó a los alumnos del sexto grado de primaria y del tercero de secundaria. A este examen se le conoce como Plan Nacional para la Evaluación de los Aprendizajes (PLANEA), cuyos resultados son “alarmantes”, pues en lenguaje y comunicación de primaria el 49.5% de los alumnos están en el nivel más bajo (reprobados); y en Matemáticas el 60.5% tiene serias deficiencias. En secundaria el 46% de los adolescentes se concentra en el nivel más bajo en lenguaje y comunicación; y el 65.4% en Matemáticas.
En estos últimos 15 años, todos los responsables e interesados en la educación se han dado cuenta de las deficiencias mencionadas; esto es, lo supieron y lo saben las autoridades educativas centrales y estatales, los investigadores y los intelectuales, los directivos de las escuelas y los maestros, los padres de familia y la sociedad en general; sin embargo, no se han mejorado los niveles de aprendizaje del estudiantado. Las autoridades educativas, como respuesta, se han concretado a formular (sexenalmente) programas nacionales de educación y en hacer reformas en el papel, con sugerencias e intervenciones de investigadores e intelectuales; pero estos documentos se guardan en las gavetas de los escritorios y en los archivos digitales la mayor parte del tiempo; y cuando son analizados, es con el propósito principal de cuadrarlos con los millonarios recursos que se autorizan para su ejercicio. Estos documentos “rectores”, difícilmente llegan a las manos de los directivos escolares y de los maestros para su conocimiento y operación, y si acaso llegan son rumores, ideas sueltas, comentarios distorsionados y de mala fe. Y con rumores y comentarios mal intencionados no se puede mejorar la educación. Si a los docentes no les llega la información necesaria, mucho menos los padres de familia se dan cuenta de los propósitos educativos que contienen los documentos de referencia. Y la sociedad en general tiene conocimiento, acerca de la educación, únicamente lo que escucha a través de los medios de comunicación.
Otra tendencia que tienen las autoridades educativas, muy socorrida por cierto, es cambiar los planes y programas de estudio; pero éstos corren la misma suerte que los anteriores documentos. En tal virtud, se ha dicho hasta la saciedad, que para garantizar la operación y el buen funcionamiento de las reformas y de los nuevos programas de estudio que se diseñan, éstos invariablemente tienen que ser estudiados, analizados e interpretados con los directivos escolares y con los maestros para que sus propósitos educativos sean operados en las escuelas; bajo el seguimiento, asesoría y evaluación de los jefes de sector, supervisores, jefes de enseñanza y asesores técnico pedagógicos. En todo el país existen estas figuras que constituyen la estructura educativa que debe asegurar el buen funcionamiento del sistema educativo en lo académico. ¿Por qué, entonces, no funciona esta estructura? Porque hay una lamentable ruptura (¿por falta de visión o interés?) entre las autoridades educativas de mandos superiores y los mandos escolares operativos. A los mandos superiores (de nivel central y estatal) les interesa la burocracia y el manejo de los recursos, en detrimento de lo académico. De esta manera, por muy buena intención que tengan los jefes de sector, los supervisores, los jefes de enseñanza, los asesores técnico pedagógicos, los directores y los maestros, de poco sirve porque la esencia de la educación no les llega: no les llega la información acerca de los cambios, no se les capacita en lo técnico pedagógico de conformidad con los cambios introducidos, no se les actualiza en la nueva orientación de la práctica docente y no se les apoya en relación con las nuevas tecnologías, como recursos didácticos y sustentos hacia la modernidad educativa. Con esta ruptura en la relación y en la comunicación; con la falta de capacitación y actualización; y con la ausencia de los padres de familia en los procesos educativos de sus hijos; ahí están las consecuencias: bajos rendimientos académicos. El día que las autoridades bajen del “ladrillo” y se pongan a trabajar con los maestros, y éstos operen en las escuelas los nuevos contenidos de las reformas de manera pertinente con el apoyo adicional de los padres de familia, ese día se tendrán otros resultados.