Hace tan sólo un par de días, llegó a mis manos por parte de una agrupación-corporación-institución una invitación a una marcha nacional que supuestamente se llevará a cabo simultáneamente en 52 ciudades para combatir la iniciativa presidencial del presidente Enrique Peña Nieto en cuestiones de identidad de género. Debido a mi condición de asesor parlamentario, conozco de manera plena no únicamente la iniciativa proveniente de la Presidencia, sino también muchas de las otras que abordan temas relacionados. Es por ello, que leer dicha “invitación” únicamente me causó una GRAN INDIGNACIÓN.
No concibo cómo es que existan personas capaces de jugar con la mentalidad humana e informar cuestiones que son totalmente falsas. La mencionada marcha se enfocaba en el reclamo hacia una supuesta iniciativa que abarcaba inexplicablemente y de manera simultánea temas de competencia legislativa de índole local y federal (lo cual resulta jurídicamente imposible); dentro de las grandes barbaridades se mencionaba una supuesta promoción e inducción a la homosexualidad a niños en las escuelas, el fomento al aborto, la implementación del divorcio incausado (jurídicamente también denominado: sin expresión de causa). De igual manera, se mencionaba que esta iniciativa era producto de una conspiración que los grandes gobiernos mundiales y las grandes corporaciones han venido ideando en los últimos años.
Considero que como ciudadanos informados, específicamente como miembro y participante de un medio de comunicación, existe un deber moral de combatir la desinformación. Se debe pugnar para que toda la ciudadanía cuente con elementos certeros y suficientes que le permitan discernir la información y tomar sus propias decisiones. En un mundo tan globalizado y digital, las redes sociales y por supuesto los medios de comunicación, debemos de ir más allá del espectáculo electoral y las luchas partidistas.
Es momento de llevar agendas en conjunto: ciudadanos, gobiernos y medios de comunicación. Es momento de impulsar la discusión pública sobre la eficacia de programas específicos y transformar los equilibrios de poder existentes. De igual manera promover iniciativas concretas y políticas públicas.
Con todo esto, los principales beneficiados seremos nosotros mismos, ya que la ciudadanía apreciaría un análisis más sofisticado sobre los temas que le afectan cotidianamente y es posible que una mayor dedicación a estas tareas recompensará los daños que durante tantos años hemos causado a la sociedad. Recordemos, los reales ejercicios del poder y los límites de la acción pública están en nuestras manos, dejemos atrás estas actitudes y comencemos por generar el cambio que anhelamos.

David Reynoso Rivera Río.
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