Por J. Jesús López García 

Es indudable que con el primer paso del tren en 1884 por la ciudad aquicalidense y la instalación de los talleres ferrocarrileros, trajo consecuencias de diversa índole, tales como el afincamiento de fábricas, negocios y servicios, así como la transformación del oriente en forma particular, en las tierras de la –hasta ese entonces–, Hacienda de Ojocaliente, la cual sufriría una múltiple metamorfosis a través de la fragmentación de sus terrenos en colonias, tales como la del Trabajo y la Héroes.

El primer paso de la división fue a través de la propuesta del multicitado «Plano de las Colonias» lo que desencadenó que infinidad de inversionistas verían la oportunidad de transformar esas tierras agrícolas en modernos asentamientos diseñados con lotes y calles nuevas. Sin embargo habría que señalar que esto no fue fortuito ya que los efectos que trajo consigo la Revolución Industrial fue la demanda de múltiples servicios, tales como las viviendas que albergaran a las personas que se trasladaban desde el campo hacia la ciudad con el propósito de trabajar en las recientes fábricas.

En ese momento Aguascalientes no contaba ni con la infraestructura ni mucho menos con conjuntos de casas requeridas. Sin embargo y a causa de la bonanza inmediata que se tuvo se diseñaron los conjuntos para tal fin, ofreciendo un modelo diferente y actual con respecto a las añejas de los antiguos barrios, las cuales se encontraban inicialmente en la periferia congregando en ellas las actividades propias de la vivienda con las del trabajo, tal como en el Barrio de los Alfareros en donde en donde el lote estaba dividido en tres zonas: en la posterior se elaboraban macetas, jarros, platos de barro, en medio se desarrollaban las propias de habitación y en el frente se comercializaba el producto confeccionado. En cambio en las recientes colonias se levantaban para dar cabida a los múltiples obreros de las fábricas, o sea solamente se construían para la actividad de habitar.

Obviamente la traza urbana se vio modificada al ir desapareciendo grandes superficies de áreas verdes que conformaban las innumerables huertas. Múltiples calles y avenidas aparecieron dando una nueva imagen urbana a la pueblerina Aguascalientes, y con ello, se daba la oportunidad que los medios de transporte tales como los tranvías y el auto –posteriormente– tuviera un desarrollo que trastocaría la apacible vida cotidiana.

Las viviendas tradicionales tenían esquemas con base en los sistemas constructivos locales: para los cimientos se utilizaba el «matacán», sobre el que se desplantaban los muros de adobe, sosteniendo éstos a su vez, a la viguería de madera –conocida como tejamanil. Con la renovación urbana se incluirían materiales acorde a la Revolución Industrial, tales como el fierro en columnas y viguetas como cerramientos y en techumbres.

La tipología existente semejaba una cinta interminable con un ritmo y repetición acentuados por los vanos que acogían las puertas y las ventanas sobre el macizo de los muros, todo «encalado», semejando –toda proporción guardada– a la «Ciudad Blanca» como se le conoció a la World’s Columbian Exposition en la ciudad de Chicago de 1893. Las grandes casonas de los ilustres personajes acaliteños ofrecían el conocido partido de espacio o espacios al centro del conjunto, conocido coloquialmente como de «patio central». Al acceder a la finca, se percibía un espacio repleto de macetas y múltiples plantas; las diferentes habitaciones giraban en torno al claustro accediéndose a éstas a través del corredor perimetral. El comedor se encontraba frente al zaguán y en sus laterales los accesos hacia el segundo patio que servía para la servidumbre de la cocina; un tercer ambiente contenía el corral y en algunos casos un huerto.

Jesús Díaz de León afirmaba sobre las fincas que “…no tienen un aspecto marcado de antigüedad… sí revelan toda la solidez, monotonía y severa rudeza que caracteriza a la mayoría de las construcciones de edificios domésticos en la época colonial. Grandes puertas de entrada y ventanas de regulares dimensiones con su sello de construcción… La distribución… [cuenta con]… salas espaciosas, asistencias, dormitorios, comedor, oficinas de trabajo… formando el cuadro de uno o dos patios de regulares dimensiones, con sus corredores… y en el centro su jardín…”.

La fisonomía urbana aguascalentense se modificó a través de los nuevos esquemas arquitectónicos, tal y como sucedió con el «chalet», que hizo desaparecer las «bandas continuas y alineadas» para ofrecer un retranqueamiento permeable desde la calle hacia el interior del predio, ofreciendo una nueva forma de percibir la imagen urbana citadina. El esquema adoptado y adaptado a las condiciones locales –algunas se encuentran en las calles de Alejandro Vázquez del Mercado, Venustiano Carranza, Álvaro Obregón, Francisco I. Madero y Héroe de Nacozari, entre otras–, permitía una manera diferente de habitar el espacio, pues se encontraba al centro del lote, lo que permitía que la iluminación, ventilación y el soleamiento penetraran por todos los flancos.

Es así como en la ciudad podemos admirar grandes casonas decimonónicas, sólo basta transitar por las calles aledañas al Jardín de San Marcos para admirar la belleza arquitectónica que tiene nuestra inigualable ciudad de Aguascalientes.