Alberto Bortoni
Agencia Reforma

MONTERREY, NL  12-Feb .- El mundo automotriz está lleno de rivalidades, pero pocas como la del Mustang y el Camaro. No es posible que coexistan de otro modo; nacieron así.
El Mustang nació en los sesentas y creó un segmento completamente nuevo; el Camaro nació unos cuántos años después con la expresa intención de hacerle competencia. Es el ejemplo ideal de cómo mientras las empresas entran en competencia el consumidor se beneficia.
Si bien a lo largo de la historia de estos dos deportivos hubo años oscuros, en donde parecían importar poco para sus creadores, lo cierto es que hoy en día ambos son vehículos muy competentes. En ambos casos, por historia y tradición, las opciones más atractivas son las de motorización V8.
El Camaro es el más nuevo de los dos y es que GM tiene una nueva generación para este 2016. Es un motor americano, en todo el sentido de la palabra. Con 6.2 litros de desplazamiento este motor puede entregar 455 caballos de fuerza y 455 lb-pie de torque. La tracción es trasera y llega a través de una transmisión automática de ocho velocidades, que es una de las limitaciones del Camaro en México y es que el V8 sólo está disponible con transmisión automática, pero una de más relaciones que el Ford.
El Mustang, por lado, tiene un motor un tanto más pequeño pero de ninguna forma modesto. Es también un V8 pero de sólo 5.0 litros de desplazamiento, una cifra que, si no se compara con la del Camaro, no resulta nada modesta. Pero, aunque en tamaño está por abajo, en desempeño no lo está tanto. La potencia está por los 435 caballos de fuerza y en cuanto al torque, este se queda en 400 lb-pie. En cuanto a la transmisión, el V8 está disponible con transmisión manual o una automática de seis velocidades.
Pero es en la calle en donde verdaderamente se sienten las diferencias entre estos dos modelos. No podemos definir un ganador universal, pues aunque parezca una contradicción, las fortalezas resultan también debilidades. Por ejemplo en suspensión. En pavimento plano y de buen material el Camaro se siente como todo un deportivo. La suspensión es más rígida que el Mustang y pareciera que cambia de dirección más rápidamente.
En pavimento maltratado y de baja adherencia, las cualidades del Camaro se convierten en debilidades y resultará difícil poner la potencia en el piso o cambiar de dirección de forma rápida y controlada. En estas condiciones la suspensión más suave y permisiva del Mustang opera mejor.
En cuanto al tren motriz, pareciera también que el Camaro es un claro ganador. Sus respuestas son más crudas y la potencia se entrega más a la usanza tradicional. El Mustang es más progresivo en su entrega de potencia y resulta más fácil de modular. En pista probablemente el Camaro logre mejores resultados; en calle, quizá el Mustang resulte más fácil de controlar y por ende se pueda mantener un paso más rápido.
En cuanto a espacio y confort del interior, el Mustang es un claro ganador. Hay más luminosidad en la cabina y tiene una mejor visibilidad en prácticamente todos los ángulos. Pero en cierto sentido luce más convencional que el Camaro.
Decidir entre estos dos no es una tarea fácil y es que aún que se trata de vehículos orientados al mismo segmento de consumidor y de prestaciones similares, son los pequeños detalles los que los distinguen. Y son de esos pequeños detalles que se intensifican, para bien y para mal, con el tiempo. En general, el Mustang es un auto más amigable para el uso diario, mientras que el Camaro se mantiene como una versión más extrema, para bien y para mal.