Fernando Vargas Tapia. Arquitecto

Por J. Jesús López García

Parte del discurso arquitectónico vanguardista de la primera mitad del siglo XX fue implementar la tabula rasa para cuestiones urbanísticas; estableciendo un lienzo en blanco para desarrollar un entorno metropolitano, fue correspondido con una arquitectura neutral de perfiles perfectamente definidos y una tendencia a suprimir la emocionalidad de lenguajes arquitectónicos vernáculos y tradiciones añejas, todo en pos de un aire internacional, cosmopolita.

En los proyectos de metrópoli y arquitectura modernos a partir de una artificial nada, destaca Brasilia, cuyas autorías recaen en Lucio Costa, Plan Maestro, Oscar Niemeyer, arquitectura y Roberto Burle Marx, paisajismo. Iniciativa monumental que requirió la voluntad del presidente brasileño Juscelino Kubitschek al que los peritos acompañaron en sus planteamientos de planificación desde la alcaldía en Belo Horizonte y más tarde en su cargo como gobernador del estado de Minas Gerais.

La nueva capital carioca fue un episodio fulgurante: la ciudad en su conjunto y los edificios en su particularidad, tienen el tono de lo icónico. En ese caso la Tabula rasa no produjo la homogeneidad neutral pretendida por la modernidad, pues al cosmopolitismo se le integró la exuberancia del espíritu brasileño. El conjunto se desarrolló en un vasto territorio despejado de flora y fauna amazónicas, -lo que hoy en día es posible suscitaba alarmas ecologistas-; sin embargo en proyectos de ciudades nuevas como en los casos del <<Plan para Bogotá>> de Le Corbusier y el <<Havana Master Plan>> de Josep Lluís Sert, no sólo fue algún imperativo geográfico o natural lo que constituyó la resistencia más firme, sino lo que atañe a la historia y a los usos y costumbres de las villas.

El conservar algunos bloques en pie a consideración de autoridades, de la opinión pública y de los habitantes en general, no fue un paliativo para organizar un rechazo obvio por parte de las diferentes comunidades sobre las que se pretendía alterar las ciudades, y con ello su hábitat. La radicalidad de la Tabula rasa tuvo que ser matizada hasta constituir una cohabitación entre la arquitectura moderna y su contexto muchas veces de fuerte raigambre histórico, acompañado esto último, de líneas y formas muy enclavadas en todo tipo de prácticas locales. Se tuvo así una paulatina adaptación de una arquitectura que en esencia se manifestaba como una ruptura con el quehacer arquitectónico anterior, a un contexto urbano cada vez más heterogéneo y polimórfico.

Lo peculiar de ese proceso de acondicionamiento de la entonces nueva arquitectura a su entorno, con el paso del tiempo es menos complejo reconocer sus modelos y dotarles de un sentido cronológico casi exacto, lo que representa una tarea más imprecisa en los ejemplares arquitectónicos que le rodean, ya que la tradición constructiva trabaja con elementos de diseño que presentan escasos sobresaltos: un edificio tradicional de inicios del siglo XX puede ser erróneamente etiquetado como <<arquitectura colonial>>, en tanto que uno moderno de sesenta años más tarde es ubicuo en ese momento preciso de la historia local.

En Aguascalientes, queda ejemplificado con la Unidad del Magisterio (SNTE) diseñada por el Arq. Fernando Vargas Tapia en 1964, al norte del Jardín de San Marcos -actualmente oculta por una fachada añadida-.

La finca muestra un perfil rectilíneo, la sobria volumetría es surcada por vanos dispuestos en franjas horizontales; la perspectiva desde la Privada Eduardo J. Correa presenta en primer plano la arquitectura de corte histórico del sitio que comprende residencias de varias décadas, desde los años cuarenta del siglo pasado hasta principios del siglo XXI. Abundantes inmuebles son posteriores al edificio del arquitecto Vargas Tapia, sin embargo pareciese que le anteceden.

Indudablemente que el proyecto obedece a la formación recibida en la Escuela Nacional de Arquitectura de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), así lo refleja claramente su trabajo de tesis profesional para obtener el título de arquitecto en 1947, denominado Penitenciaría Central. Jalapa, Veracruz, cuyo lenguaje es con base en paralelepípedos sobrios con absoluto predominio del macizo sobre el vano, cumpliendo cabalmente con las condiciones de seguridad que exigía el sistema carcelario, incluso, el arquitecto Vargas Tapia fue requerido para realizar el anteproyecto del penal aguascalentense en 1965.

Es evidente que el arquitecto Fernando Vargas dejó su impronta en la ciudad acaliteña con diversas obras y con su participación activa en el gremio de arquitectos, al fundar el Colegio de Arquitectos de Aguascalientes en 1965, conjuntamente con sus compañeros colegas. La primera Mesa Directiva fue: Presidente, Francisco Aguayo Mora; Secretario, Jorge Medina Rodríguez; Tesorero, Fernando Vargas Tapia y Divulgación Cultural, Mario García Navarro; posteriormente se incorporaría Jaime González Blanco.

Así, el modelo de la Unidad del Magisterio (SNTE), es útil para llevar a cabo un análisis profundo, que el aplicado a la superficialidad de una fachada simulada; un espíritu de agudeza de la Tabula rasa que no llegó a aplicarse por sus planteamientos extremos, pero de la que aún sobreviven algunos pronunciamientos en inmuebles que han sido alcanzados por el tiempo y también por un progresivo diálogo con su contexto al que de inicio, cuestionaba.