RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

Hoy escribo acerca del senador Fernando Herrera Ávila, actualmente uno de los políticos aguascalentenses más importantes, encumbrado en la cúpula legislativa nacional, que también ha logrado una presencia sumamente importante a nivel partidista. Su trabajo recibe las luces de los superlativos derivados de la admiración de muchos. Fernando es uno de los mejores oradores del senado de la república. No se escucha palabra mejor plantada, ilustrada, sentenciosa, afilada, enérgica, con el nervio de la pasión política contemporánea. Su palabra es artillería que prepara la acción, y su doctrina, un fuego destructor y constructor. Sus discursos revelan un manejo magistral del lenguaje, al que no escapa el uso fino de las figuras de la retórica: de la metonimia a la alegoría, de la metáfora a la parábola, del símil a la sinécdoque. Lector incorregible, gusta de repetir expresiones que le llaman la atención, que primero lo divierten y luego le resultan útiles en la arquitectura de sus discursos. Osado hasta la temeridad. Como orador nato improvisa maravillosamente, y si acaso, se apoya en algún escrito preparado que sólo merecerá el reojo de tiempo en tiempo.

Fernando Herrera es el incomparable ortodoxo de la política de su tiempo. Se temperamento es de firmeza, rasgo que nunca lo abandona. Y en verdad tampoco hace mucho por desprenderse de él.

Decía Richard Nixon que ser político no siempre resulta divertido. Sobre todo si se trata de alguien que tiene depositadas responsabilidades enormes. El lujo del encargo solamente deslumbra a quienes no lo ejercen y, por añadidura, a quienes no lo entienden. Los honores, el ceremonial, el aplauso y todo lo exterior pueden resultar atractivos para el hombre común, pero no necesariamente para los políticos que se manejan en las cúpulas del poder. Eso lo sabe Fernando y ha asimilado paso a paso su recorrido en la política, en los importantes cargos a los que ha escalado poco a poco, en base a una disciplina partidista. No ha querido ser político a la carrera sino político de carrera. Uno de sus atributos más apreciables es su aptitud para distinguir, en todo momento, hasta donde puede llegar la acción de sus subalternos y desde dónde comienza la suya exclusiva y excluyente. Esa aptitud es un reflejo de su identidad. Es el síndrome de que el político está consciente de lo que sólo puede hacer él y de que los demás han llegado a los límites de un coto inaccesible para ellos.

A Fernando, que se inició en el PAN en el año de 1988, lo conocí cuando fue regidor, en el trienio 1992-1995, siendo alcalde Fernando Gómez Esparza. Desde ahí se mostraba como un joven inquieto por acceder a la política de servicio social efectivo. Lo veía atendiendo a la ciudadanía, principalmente en los apoyos que le solicitaban. Sus participaciones en el cabildo eran mesuradas pero nunca de comparsa al partido mayoritario, iniciaba su participación en los cargos de elección popular fiel a los principios doctrinarios del partido que lo había llevado a ese primer cargo de elección popular. Su segunda oportunidad fue como candidato a diputado local en el trienio 1995-1998, y para ello competiría con un candidato tricolor perteneciente a una de las familias más poderosas, políticamente hablando. Las campañas de ambos candidatos fueron de una intensidad tremenda. Las iniciaban desde las 6 de la mañana en las paradas de los autobuses urbanos, solicitando el voto a los obreros y trabajadores que desde la madrugada abandonaban sus hogares para dirigirse a sus trabajos. El diálogo para la retroalimentación con la ciudadanía era importante. La elección la ganó Fernando Herrera, accediendo así a la labor legislativa. Ahí empezó a rendir frutos su accionar en la labor partidista, su disciplina y su lealtad al partido blanquiazul. De ahí en adelante ha ido en plan ascendente. En el sexenio de Felipe González fue nombrado Secretario de Desarrollo Social y sólo estuvo dos años en el cargo, de 1999 al 2000, pues renunció para alcanzar la candidatura a diputado federal en el trienio 2000-2003. Sin olvidar el descalabro sufrido en el año 2010 cuando fue candidato a presidente municipal de Aguascalientes. Esa derrota le sirvió para hacer una retro inspección de lo que hasta esos días había sido su trabajo político, sus aciertos y desaciertos, sus virtudes y defectos. Eso le sirvió para darse cuenta de sus fortalezas y debilidades. Fernando estudió para Contador Público en la UAA. Posteriormente terminó la licenciatura en Derecho en la UVM. Y realizó también la especialidad en Economía y Gobierno en la Universidad Anáhuac.

En el quehacer político es frecuente que quien se desenvuelva en este oficio sufra y además, que tenga que sufrir en silencio. Sin esa fortaleza no podría soportar, con entusiasmo y sin fatiga, los requerimientos del encargo, los desvelos, los esfuerzos, las incomprensiones, las dificultades, los fracasos, los peligros, las soledades, las ingratitudes, los sacrificios y hasta las renuncias personales. Cuando un verdadero político repasa su vida hacia atrás, se sorprende de lo que ha tenido y de lo que ha sostenido. Percibe la dimensión de sus facultades y el uso que le ha podido dar a sus posibilidades.

Fernando Herrera es actualmente el coordinador del Grupo Parlamentario de los senadores de Acción Nacional en el Senado de la República. Ahí mismo es el Presidente de la Junta de Coordinación Política y es además integrante del Comité Directivo del Instituto Belisario Domínguez. En lo que es su labor partidista fue uno de los artífices para las victorias del PAN, por las gubernaturas en 7 estados de la república. En Aguascalientes cuenta con un grupo político importante que ha coadyuvado para los triunfos tanto por la gubernatura así como para el Congreso del Estado. Gilberto Alaniz de León, recién nombrado como el próximo líder de la bancada panista forma parte de su grupo.

Los planteamientos anteriores reflejan distintas facetas del ideario de Herrera Ávila, cuya vocación política fue temprana, precoz, y desde su juventud mostró una postura sensible en torno a la necesidad de transformar no solo las estructuras políticas de Aguascalientes sino también las del país y desde luego del mismo partido en el que siempre ha militado. Estas consideraciones son valiosas ahora cuando se habla más de la apertura democrática dentro de su partido y muchos de sus militantes exigen que el partido amplíe su marco de inclusión, ante una incuestionable competitividad electoral, producto de un país que cada día tolera más la pluralidad política.

Aguascalientes ha sido semillero de políticos muy valiosos, que han figurado en el plano nacional ocupando puestos importantes, siendo protagonistas esenciales en la transformación de México en sus diferentes ámbitos y hoy Fernando Herrera, sin duda, es uno de ellos.