RÍO DE JANEIRO, Brasil.- Saúl Gutiérrez salió a comerse ayer a su rival mongol Temuujin Purevjav, pero la gula lo afectó.
En su debut olímpico en Río 2016, fue impulsado por compatriotas desde las gradas de la Arena Carioca 3, entre ellos su mamá, la señora Evelia Macedo.
El mexicano inició aguerrido el combate y conectó dos patadas a la cabeza de su rival para terminar 6-1 el primer round.
La cara de la señora Macedo estaba iluminada. Vino el segundo asalto y el tricolor se mostró precavido y sólo conectó un punto más, igual que su oponente.
El “México, México” que escapaba de la garganta de la madre del seleccionado nacional. Ya lo veía en la segunda ronda.
El último asalto fue parejo hasta los primeros 30 segundos de los tres minutos que duró, inclusive el mongol le regaló un punto a Gutiérrez por sumar dos amonestaciones.
Pero en la segunda parte de ese round, Purevjav salió del letargo y comenzó a marcar puntos. Un intercambio de patadas le aportó tres puntos al mexicano e igual número a su oponente aunque este último también conectó un golpe más. El rostro de la señora Macedo empezó a perder luminosidad.
Mientras el mongol se volvía una máquina de golpes que Saúl no supo contrarrestar, la preocupación invadía a su madre, quien apretaba la bandera mexicana que llevaba, se levantaba y sentaba, incrédula de que el combate se le escapaba de las piernas al no poder marcar más puntos.
“Estuvo muy emocionante. Mi hijo empezó a meter los puntos que requería, pero creo que tomó mucha confianza y al final lo sorprendió el rival. Como que se confió, creía que era el segundo round cuando lo empataron pero ya era la final y de tan emocionada que estaba creía que había oportunidad, pero al final perdió”, expuso la señora respecto al marcador que terminó 12-11. (Adrián Basilio/Agencia Reforma)