El 80% de los problemas que se generan entre los matrimonios se debe a la falta de entendimiento y comprensión de ambos, el hecho radica en creer que hombres y mujeres son iguales, sin considerar que la manera de pensar de uno y otro son distintas, señaló Alberto Guzmán Ojeda, integrante del Movimiento Familiar Cristiano.
Precisó que falta diálogo entre las parejas, para conocer los pensamientos del otro y poder empatar en los ideales para preservar la vida matrimonial con respeto y tolerancia.
Subrayó que estas situaciones, aunque simples, si son recurrentes derivan en problemáticas mayores, causales de divorcio.
“Vemos que ahora para sostener una familia ambos progenitores deben ser proveedores, esto implica desatención, merma que es primordial en las familias no en las instituciones educativas; se tiene la falsa creencia que en un colegio caro los van a educar, pero eso es sólo responsabilidad de los padres”.
Indicó que este tipo de cosas van limitando el tiempo de convivencia entre padres e hijos, y aunque no es justificante, se alejan con mayor frecuencia de las actividades religiosas.
Guzmán Ojeda detalló que como movimiento ofrecen a las parejas dinámicas familiares, ya sea que tengan hijos o no, con la finalidad de que todos los miembros den su punto de vista del entorno que pretenden para su bienestar, de una forma madura con miras a un crecimiento de la unión fraternal.
A la fecha, explicó que cuentan con la participación de más de mil matrimonios en el estado, que sin importar su edad, tiempo de casados y número de hijos han decidido compartir sus experiencias y retroalimentarse para mejorar su vida como pareja sacramentada o que en unión libre cumple con los mandamientos de Dios.
Aclaró que la finalidad es fortalecer la vida matrimonial, pues aunque hay esposos que se suman para mejorar su situación actual, hay quienes requieren otro tipo de actividades acordes a sus problemáticas.
El presidente de Movimiento Familiar Cristiano motivó a las parejas a conocer más del curso que practican, “llevamos a cabo un ciclo básico de formación de tres años, que consiste en tres etapas, temas personales, como pareja y finalmente para integrar a todos como familia”.
Lo óptimo es ingresar en la plenitud del matrimonio, no esperarse a que surjan los problemas, concluyó.