Tan pronto se llega al Somontano, la Denominación de Origen más joven de España, los sentidos comienzan a ponerse a tono para recorrer la ruta del vino: la vista reconoce viñedos en el paisaje, el olfato se agudiza en busca de memorias y el gusto se anima ante las posibilidades gastronómicas.
Parte del encanto de esta ruta es la cercanía entre sus bodegas y los restaurantes, tiendas de ingredientes locales, villas medievales y santuarios religiosos.
Lo usual es hospedarse en la ciudad de Barbastro, capital de la comarca del Somontano, y desde ahí emprender recorridos de ida y vuelta. La ciudad es sede del centro de visitantes de la D.O., que en julio reabrirá con museo, restaurante, gastrobar y tienda de vinos.
Para abrir boca, la sugerencia es ir al municipio de Salas Bajas, a 15 minutos en auto de Barbastro, y comer en L’Usella. En los últimos meses ha ganado prestigio por su menú de autor maridado con los vinos y cervezas artesanales de la región.
“Para mí, los vinos del Somontano tienen un carácter diferente debido al clima, a la tierra, a la forma de trabajar la viña”, cuenta Jorge Zunay, cocinero de L’Usella. Sus platos incluyen tomate rosa local, longaniza, torteta, chiretas y pan hecho en casa.

Entre viñas y cavas
En la ruta del vino, una de las bodegas con más vocación enoturística es Enate, situada también a unos 15 minutos del centro de Barbastro.
Fue estrenada a principios de los 90 y proyectada por el arquitecto Jesús Manzanares con miras a ser visitada. Su diseño tiene la intención de captar la luz de la región y llevarla a todos los espacios, rompiendo con el concepto de bodega oscura.
“Uno puede ver prácticamente hasta las entrañas de lo que se está haciendo y de una forma muy cómoda, donde uno no interviene con los procesos de trabajo”, explica Marta Serrano, directora de mercadotecnia.
Asomarse a la sala de barricas es imperdible, casi tanto como la visita a su pinacoteca, donde se exhibe un centenar de obras originales, entre ellas las que la bodega ha comisionado a artistas como el pintor español Antonio Saura, para vestir sus botellas.
A menos de 10 minutos está Bodega Pirineos, cuyos vinos son elaborados con las uvas de una cooperativa de viticultores. La bodega, fundada en los años 60, propone recorridos guiados con degustación, menús con maridaje, paseos a caballo entre viñedos y recorridos nocturnos entre las parras.
En busca de contrastes, habría que agendar visitas a las bodegas Sommos y Lalanne.
La primera impacta por su arquitectura inspirada en los Pirineos y la Sierra de Guara, además del empleo de alta tecnología en la producción del vino, desde máquinas vendimiadoras hasta un robot para mover las barricas. Desde su concepción fue pensada para recibir visitantes: tiene un restaurante con vista al viñedo, una sala de cine, club de vino y una moderna sala de catas abierta a los viajeros, incluso a familias con niños.
Por otro lado, en Lalanne se tienen un encuentro con las raíces históricas del vino en el Somontano. Son los miembros de la familia (que llegó desde Burdeos hace más de un siglo) quienes muestran el complejo, guían las degustaciones y venden el vino a los viajeros.
“Somos como un château francés: la casa familiar, la bodega anexa y el viñedo rodeándolo todo”, destaca Leonor Lalanne.
Es único su museo con piezas antiguas como prensas de madera, despalilladoras y portaderas para recoger la uva durante la vendimia, mientras que en su cava subterránea se encuentran botellas que datan de 1929 y 1936.
Entre bodega y bodega, hay tiempo para recorrer algunas calles del centro de Barbastro, conocer la Catedral y la Plaza del Mercado. Por las tardes, el Paseo del Coso luce mesas al aire libre donde la gente platica animadamente. Convivir está en el ADN de la gente de esta comarca.
“Aquí nadie se puede ir a casa sin preguntarle a su amigo cómo le fue en el día y beber una copa que casi siempre alguien más paga”, presume Francisco J. Berroy, secretario general de la D.O. Somontano.
Como en otras regiones vinícolas, lo mejor de hacer enoturismo es que no hace falta tener una nariz entrenada y un paladar ultrarefinado para gozar de la experiencia. Es la oportunidad ideal para hacer una colección de referentes: catar es recordar, remitirse a través de aromas y sabores a historias pasadas.
Los vinos se quedan en la memoria, pero lo realmente inolvidable de andar por estos caminos del vino, son las personas apasionadas por compartir su terruño.

Maridaje perfecto
Tras dedicar cualquier mañana a catar y conocer los procesos de producción, a mediodía espera la villa de Alquézar, parte de la lista de los Pueblos Más Bonitos de España, a una media hora del centro de Barbastro.
Encanta por sus hotelitos boutique, sus restaurantes con propuestas pensadas para maridar con los vinos de la D.O., entre ellos la cocina de Casa Pardina, y sus callecitas románticas y estrechas.
Entre los puntos imperdibles sobresale La Colegiata de Santa María Mayor, parte del patrimonio cultural aragonés, cuya construcción original data del siglo 11. La actual, de estilo gótico tardío, fue edificada a mediados del siglo 16.
Otra alternativa es conocer el Santuario Mariano de Torreciudad, enmarcado por los Pirineos. El complejo fue construido durante cinco años por iniciativa de San Josemaría Escrivá de Balaguer. Está dedicado a Nuestra Señora de los Ángeles de Torreciudad, cuya talla románica data del siglo 11 y fue hecha en madera de álamo. En el complejo hay disponibles 40 confesionarios y varias capillas dedicadas, entre otras, a la Virgen de Guadalupe.

Breve guías del enoturista
Sandra Fernández, sommelier mexicana y embajadora de la D.O. Somontano en el País, sugiere algunos consejos para un recorrido memorable:
– Empacar botas para caminar por los viñedos, sombrero, lentes oscuros, una chamarra ligera (al visitar las cavas o salas de barricas, que suelen estar a entre 13 y 15 grados centígrados).
– Familiarizarse con los vinos de las bodegas a visitar. Esto ayudará al momento de elegir qué botellas quieres traer a casa.
– Recordar que como parte del equipaje personal, sin pagar impuestos, se pueden importar hasta 6 litros de vino.
– Empacar las botellas usando plástico burbuja o bien bolsas diseñadas para transportarlas como WineSkin (de venta en Amazon.com.mx, desde mil 39 pesos).
– Llegar puntual a las citas, evitar el uso de perfume y lavarse los dientes justo antes de una cata (el sabor de la pasta o un chicle podría interferir con la experiencia).
– Escupir el vino en las catas es válido, para ello pide una escupidera. Si lo vas a ingerir, recordar beber una copa de agua por cada copa de vino.

Guía práctica

CÓMO LLEGAR
Desde la CDMX, Aeroméxico e Iberia vuelan sin escalas a Madrid. Desde ahí, el trayecto a Barbastro en auto es de aproximádamente cuatro horas y media. Desde Barcelona, el trayecto es de unas dos horas y media.
También se puede llegar en autobús o tren desde Madrid. Para más información consulta: www.renfe.com

CUÁNDO IR
En primavera brotan las vides. De mayo a septiembre es buen tiempo para conocer el campo y ver las uvas. En verano se realiza el Festival Vino Somontano.

DÓNDE DORMIR
En Barbastro, el Hotel San Ramón del Somontano es una alternativa acogedora. Desde 90 euros por noche para dos adultos, con desayuno incluido.

DÓNDE COMER
L’Usuella, ubicado en el antiguo local social del pueblo de Salas Bajas.
Restaurante SOMMOS, dentro de a bodega homónima, y el restaurante Casa Pardina, situado en el pintoresco pueblo de Alquézar.

MÁS INFORMACIÓN
dosomontano.com
www.rutadelvinosomontano.com
www.iberia.com/mx
www.hotelsanramonsomontano.com
www.casapardina.com