Luego de mencionar que la soga se está calentando mucho, en abierta alusión a que el proceso electoral está muy caldeado, el obispo José María de la Torre Martín, reiteró que los gobernantes que queremos deben reunir un perfil ético mínimo, por lo que sugirió a los candidatos hacerse un examen de conciencia, para ver si reúnen esa condición, porque la demagogia siempre es engañosa.

Refirió que no hay democracia verdadera y estable sin participación ciudadana y justicia social, por lo que es fundamental que todos antes de emitir su voto, valoren los antecedentes de los candidatos y si sus propuestas son viables.

Dijo que la honestidad es un criterio fundamental para percibir al candidato como confiable, transparente, coherente, persona de valores como la veracidad, la lealtad, la honradez, que es el principal antídoto contra la corrupción.

Reconoció que el conocimiento de las necesidades de la gente, es fundamental, pues supone cercanía y sensibilidad, no basta el conocimiento técnico, es necesario un conocimiento directo que le permita descubrir las exigencias del bien común.

“Los aspirantes deben tener compromiso con la reconciliación y la justicia, es un imperativo de la realidad que vivimos. Sólo representantes con un profundo sentido de justicia lucharán, desde el ámbito que les es propio, contra la pobreza y la desigualdad, contra la inseguridad y la violencia, contra la fragmentación social”, añadió.

Consideró que deben tener capacidad suficiente, porque las tareas de representación son distintas; una función administrativa y una tarea legislativa requieren formación y capacidades diversas que no se improvisan.

Mencionó que es fundamental la sensibilidad por los pobres, por los excluidos, por los indefensos, demostrada no sólo en las campañas electorales, sino en su vida diaria.

Que no sean indiferentes frente al manejo de las instituciones políticas, que actúen con la debida conciencia, y no caer en el clientelismo.

“Valoremos su honestidad, sus raíces familiares, su testimonio de vida, su espíritu de servicio a la comunidad, su capacidad de administrar bien lo ajeno sin creerse dueño de lo que no le pertenece, y sus propuestas políticas”, recomendó el Pastor.