Exhorta el obispo José María de la Torre Martín a tener en cuenta durante la Cuaresma la práctica de las obras de misericordia corporales y espirituales; señaló que la indulgencia plenaria va en orden a reforzar estas obras; incluso la oración, el sacrificio, y los vía crucis, van en este orden.
“El que visite a un enfermo, alimente a un necesitado, corrija a alguien necesitado de corrección, tiene la posibilidad de ganar la indulgencia plenaria, porque van en este orden de la devoción y oración a la compasión solidaria y al compromiso fraternal. El Papa en su documento ‘Misericordia quiero’ nos dice que la Misericordia de Dios no es una idea abstracta, sino una realidad concreta con la cual Él nos revela su amor como el de un padre y una madre que se conmueven hasta lo más profundo de sus entrañas por el propio hijo”, destacó.
El prelado resaltó que es en momentos graves de dificultades sociales, económicas y las provocadas por desastres naturales, cuando se demuestra la solidaridad de las personas, ya que todos apoyan sin importar incluso lenguas, raza, religión o país de providencia; no obstante, dijo que siempre estamos llamados a prestar atención a cada persona, sobre todo los que están en desigualdad de circunstancias.
“Es una vocación a la que hay que responder, que no se limita a las exigencias materiales, sino que es capaz de entrar también en el ánimo donde, con frecuencia, la necesidad de ayudar es más profunda. En este año santo podremos realizar la experiencia de abrir el corazón a cuantos viven en las más contradictorias periferias existenciales, que con frecuencia el mundo moderno dramáticamente crea”, señaló.
El obispo alzó la voz a los fieles, a dejar de ser llevados por la globalización de la indiferencia; dijo que es importante abrir los ojos a las miserias del mundo, donde tantos hermanos están privados de la dignidad; que llevemos a cabo las obras de misericordia como deberes y no como modas.
“Sintámonos provocados a escuchar el grito de auxilio de nuestros hermanos, que nuestras manos estrechen sus manos; acerquémoslos a nosotros para que sientan el calor de nuestra presencia, de nuestra amistad y fraternidad”, recalcó.